Clase express de escritura para usuarios de redes sociales y otros fantasmas



Coger cercanías de ida y vuelta ya es, otra vez, parte de mi rutina.

Hace una semana que comenzó el Laboratorio de Ficciones que imparto en La Azotea y, ayer tarde, otras cinco personas y yo nos dedicamos a intentar dar vida a algún personaje en papel, a rebuscar en sus cajones, investigar sus creencias, husmear en sus rutinas y descubrir sus vicios.

Un personaje es algo fácil de construir. Basta dibujar un monigote, darle un nombre y unas cualidades.

Hacerlo creíble resulta más complicado.

Pondré un ejemplo práctico. Hace poco me encontré con esto en una conocida red social:

Ojo, lo interesante no está en el tipo de la bicicleta, ni en el garito que ha hecho un ejemplar juego de palabras para animar a los parroquianos a retomar sus estudios… Mirad un poco más a la derecha.

He aquí un ejemplo de personaje mal construido:

Santi es una fantasma educada (comienza su maldición con un «hola») que «tiene diez años de muerta«…

Lo primero: ¿tiene diez años o lleva diez años muerta? Porque si tiene diez años y ya siente que su vida no tiene sentido, que es una muerta caminando entre los vivos, que espere una década. Va para emo.

Que tuviera diez años explicaría muchas cosas. Por ejemplo, esa ortografía que acojonaría hasta al catedrático de la Lengua más curtido y con los renglones más grandes que el caballo de Espartero*.
*(Nota del trad. Pérez-Reverte).

Ya sabemos que la tal Santi (¿será Fuensanta, Santiaga?) no da ni chapa en clase de lengua.

Comprobemos ahora sus motivaciones: Santi dice que «si no pegas esto en 20 comentarios dormiré alado (sic) de tu cama para siempre«. ¿Dormirás qué, Santi? ¿Alado? ¿Como un querubín?

¿Y por qué le interesa a esta fantasma que contribuya a extender su maldición por las redes sociales? ¿Querrá mejorar su presencia en Internet? ¿Tanto le importa la visibilidad de su negocio?

Este personaje se cae por su propio peso, amigos. Le falta ambición. Un verdadero deseo desencadenante con el que podamos empatizar, aunque aún no estemos tan muertos como ella.

El caso es que algunos usuarios hacen caso a Santi y su mensaje se extiende por los comentarios como una metástasis ectoplásmica.

Santi continúa: «Si no me crés (sic) búscame en Google Santi 27ª advertencia: una niña ignoro (sic) esto y al día 20 su mamá estaba muerta«.

Bueno, esto no está mal. Nos ofrece pistas sobre su pasado. Parece ser que no es la primera vez que intenta esta estrategia para darse a conocer. Lo ha dicho ya veintisiete veces y, como resultado, la madre de una pobre niña falleció al día 20 (mis condolencias, otra víctima de los fantasmas que siempre quieren ser el centro de atención).

Un personaje necesita un pasado, pero el de Santi no es sólido.
Lo he comprobado.

Abro otra pestaña e introduzco sus señas en el navegador…

Nada.

Salvo un pasaje del apostol Santiago en el que se habla de alimentar al hambriento y un artículo sobre la política de privacidad de Facebook, en cuyos comentarios encuentro esto:

El «hola» inicial de Santi se ha convertido en una «ola» (de maldad fantasmal, supongo) y la «mamá muerta» ha sido sustituida por el… ¿maná?

Conclusión:
Santi es un personaje endeble, incapaz de mantener el mismo discurso, cuando penetra en cuerpos ajenos para poseerlos y que corten/peguen su mensaje a lo largo y ancho de la red.

No sabemos lo que quiere, más allá de esos veinte comentarios, por los que está dispuesta a matar madres.

No sabemos si es una muerta aprendiendo a usar las tecnologías de la información o una aspirante a hikikomori…

Y que no, Santi, que no. Que te he buscado en Google y no te «cró».

Una de fanzines



Mientras terminan de cocerse un par de revistas para las que he escrito unas colaboraciones, he recordado el número de un fanzine que salió el año pasado y del que no me hice eco.

Se trata del «Trippers from the Crypt» de los inefables «Vinalia Trippers«, para el que escriben gente de la talla de David González, Patxi Irurzun, Carlos Salem o Vicente Muñoz Álvarez.

Un número especial sobre cadáveres, tumbas abiertas y cerebros comestibles. Literatura pulp patria de la buena. Podéis leer el número íntegro pinchando arriba.

Os dejo, además, el número especial de Poemash que acompaña a este viaje a la cripta de la literatura:

Una tarde en la radio



El jueves pasado tuve la oportunidad de ser entrevistado por Alberto Caride (periodista, coordinador de Los Lunes Literarios y un buen colega en esto de lo literario) en su espacio «Verso libre«, dentro del programa «La butaca» de Radio Online Murcia.

Como suele ocurrir por estos lares, íbamos mal de tiempo. Pero creo que hicimos por aprovecharlo, acelerando el habla por encima de nuestras posibilidades.
Yo, normalmente, no suelo hablar así; como si me estuvieran inoculando café arábigo por vía intravenosa e intercalando un «efectivamente» cada dos o tres palabras.

El caso es que pasé un micro-rato agradable junto a Alberto, Trini y Mª José, hablando sobre Poesía de guerrilla y Caviar para gusanos, sobre si se puede o no se puede enseñar a alguien a escribir y sobre el oficio de escritor, para lo cual suelo echar mano del ejemplo paterno, porque aún no he visto a nadie entregarse tan a fondo con una idea.

Al final, pude leer un par de poemas breves («Y florecieron los tanques con alergia» y «El fin») como despedida.

Dejo el podcast de la entrevista, para el que quiera escucharla:

Tras esta entrevista, la palabra que con mayor o menor sarcasmo ha ido llegando a mis oídos ha sido «famoso». Me hace más gracia de lo que me halaga que haya quien me diga algo como «te vas a hacer famoso», porque me han escuchado hablando en la radio o porque hayan visto una nota de prensa donde se anuncia un recital a mi nombre.

No busco esa fama. Se equivocan de persona.

El rollo del famoseo artístico siempre me recuerda a algo que me solía decir una amiga filóloga: que un escritor no debería nunca buscar la fama, sino la celebridad. La fama es pasajera. La celebridad es para siempre.

Pues ni eso. Tampoco deseo esa celebridad, porque no creo que la merezca (aunque mentiría si dijera que, en el fondo, no es eso lo que busca cualquier escritor: escribir unas líneas que lo hagan inmortal).

Si de algo estoy seguro es de que yo no sería quien soy, si no hiciera por alcanzar algunos de esos objetivos que nacen de dentro. Si acallara a las voces y les dijera «no podéis salir de ahí».

Esto no es el lamento de un artista romántico al que le atormenta no poder expresarse. Ya he sido un asalariado, de la mañana a la noche, sin tiempo para permitirme el lujo de crear, y sé lo frustrante que puede ser eso.

Yo puedo ser la parturienta que traiga al mundo o el médico que haga abortar a mis propias ideas y, sinceramente, soy un fanático pro-vida en este sentido.

La rareza de tus acciones te define. Eso sí, tan importante me parece dar rienda a nuestros actos creativos, como no despegar los pies del suelo y evitar salir «flotando» por la ingravidez que otorga la popularidad. Creo que dije algo así en un poema titulado «Poeta no».

He conocido a personas enfebrecidas por la imagen social o mediática que ellas mismas construyeron de sí mismas.
Nadie es su propio reflejo.

Insisto, si me invitan, me gustará volver a la radio (no lo hacía desde crío). Si me reseñan, me sentiré agradecido con el autor de la reseña. Pero lo que de verdad me gusta es jugar con la escritura y saborear mis días.

El resto no son más que accesorios.