Una tarde en la radio



El jueves pasado tuve la oportunidad de ser entrevistado por Alberto Caride (periodista, coordinador de Los Lunes Literarios y un buen colega en esto de lo literario) en su espacio “Verso libre“, dentro del programa “La butaca” de Radio Online Murcia.

Como suele ocurrir por estos lares, íbamos mal de tiempo. Pero creo que hicimos por aprovecharlo, acelerando el habla por encima de nuestras posibilidades.
Yo, normalmente, no suelo hablar así; como si me estuvieran inoculando café arábigo por vía intravenosa e intercalando un “efectivamente” cada dos o tres palabras.

El caso es que pasé un micro-rato agradable junto a Alberto, Trini y Mª José, hablando sobre Poesía de guerrilla y Caviar para gusanos, sobre si se puede o no se puede enseñar a alguien a escribir y sobre el oficio de escritor, para lo cual suelo echar mano del ejemplo paterno, porque aún no he visto a nadie entregarse tan a fondo con una idea.

Al final, pude leer un par de poemas breves (“Y florecieron los tanques con alergia” y “El fin”) como despedida.

Dejo el podcast de la entrevista, para el que quiera escucharla:

Tras esta entrevista, la palabra que con mayor o menor sarcasmo ha ido llegando a mis oídos ha sido “famoso”. Me hace más gracia de lo que me halaga que haya quien me diga algo como “te vas a hacer famoso”, porque me han escuchado hablando en la radio o porque hayan visto una nota de prensa donde se anuncia un recital a mi nombre.

No busco esa fama. Se equivocan de persona.

El rollo del famoseo artístico siempre me recuerda a algo que me solía decir una amiga filóloga: que un escritor no debería nunca buscar la fama, sino la celebridad. La fama es pasajera. La celebridad es para siempre.

Pues ni eso. Tampoco deseo esa celebridad, porque no creo que la merezca (aunque mentiría si dijera que, en el fondo, no es eso lo que busca cualquier escritor: escribir unas líneas que lo hagan inmortal).

Si de algo estoy seguro es de que yo no sería quien soy, si no hiciera por alcanzar algunos de esos objetivos que nacen de dentro. Si acallara a las voces y les dijera “no podéis salir de ahí”.

Esto no es el lamento de un artista romántico al que le atormenta no poder expresarse. Ya he sido un asalariado, de la mañana a la noche, sin tiempo para permitirme el lujo de crear, y sé lo frustrante que puede ser eso.

Yo puedo ser la parturienta que traiga al mundo o el médico que haga abortar a mis propias ideas y, sinceramente, soy un fanático pro-vida en este sentido.

La rareza de tus acciones te define. Eso sí, tan importante me parece dar rienda a nuestros actos creativos, como no despegar los pies del suelo y evitar salir “flotando” por la ingravidez que otorga la popularidad. Creo que dije algo así en un poema titulado “Poeta no”.

He conocido a personas enfebrecidas por la imagen social o mediática que ellas mismas construyeron de sí mismas.
Nadie es su propio reflejo.

Insisto, si me invitan, me gustará volver a la radio (no lo hacía desde crío). Si me reseñan, me sentiré agradecido con el autor de la reseña. Pero lo que de verdad me gusta es jugar con la escritura y saborear mis días.

El resto no son más que accesorios.

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