Poesía, teatro y narrativa en el insti

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Bien. Por aquí andábamos ayer: En el colegio San Buenaventura de Murcia, hablando de poesía, de teatro, de narrativa, ante una audiencia de varios cursos de bachiller y cuarto de la ESO.

Emmanuel Vizcaíno de Pintxatro en nombre del teatro. Samuel, Noelia, Joaquín y Daniel de La Galla Ciencia en la esquina poética del cuadrilátero. Y yo mismo, divagando sobre los motivos por los que escribo los relatos que escribo.

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Todos reunidos allí por mediación de Ía Gil, gran amiga y profesora del centro.

La intención de esta charla era la de acercar la figura de los escritores (de cualquier género) a los estudiantes. Que no piensen que somos bichos raros, que escribimos en una cueva y sólo salimos las noches de luna llena para beber absenta y aullar nuestras palabras raras a las musas de las montañas.

¿Lo conseguimos? No tengo ni idea. Yo me enmarqué en el típico discurso de “¡Leed y escribid, malditos!“. Pero sé que fue divertido escuchar el guión de Emmanuel y que me resultó interesante atender al discurso de Noelia sobre la facilidad que hoy día nos ofrecen las redes sociales para entrar en contacto con autores vivos. Sólo ya por esto, mereció la pena.

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Mursiya Poética 2013

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Los compañeros de Colectivo Iletrados vuelven a la carga, un año más, con su ciclo de poesía murciana, mezclada con buena música. Versos y plaquettes gratuitas hasta agotar existencias de Bea Miralles, Natxo Vidal, Juanma Sánchez Meroño e Ignacio Martín Lerma. Música en vivo de Amelie Bernal, Ángel Ninguno, Muerdo y otros. Cervezas en buena compañía. ¿Quién da más sin pedir nada a cambio?

Nos dejan este vídeo de presentación para recordarnos la nueva cita:

Y no les perdamos de vista, que pronto volverán con un nuevo Manifiesto Azul.

Folie à tout (o explicación métrica del capitalismo) [Poema]

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Hay quien dice que
de ilusiones
no se vive.

Ayer, recogí una moneda
del suelo
del aeropuerto de Dallas.
La gente recoge monedas
no recoge envoltorios de chocolatinas
ni recoge a ancianos
que han perdido el equilibrio.

Yo recogí una moneda.

Había una inscripción que decía
«Liberty».
Otra inscripción decía
«In God we trust».
Está George Washington
y también está ese pájaro
carroñero.

Mi padre coleccionaba monedas.
En todas salía el rostro
de alguna persona
que nos dijeron que era importante.
Mi padre coleccionaba monedas
porque alguien le dijo
que las monedas
eran más importantes
que los envoltorios de chocolatinas
o que los ancianos que no pueden mantenerse
en pie.

Si yo recogiera un millón
de monedas como ésta,
podría comprarme una casa.
Si yo recogiera un billón
de monedas como ésta,
podría comprar las almas
de mucha gente
y convertir así
un billón de monedas
en un trillón
o qué se yo.

¿No es absurdo?

Si yo reúno
un trillón de monedas
la gente me escucharía
la policía rodearía mi casa
podría escupir a las almas
que compré,
porque la policía rodearía mi casa
y la gente me escucharía.

Si yo tuviera un trillón de monedas
tal vez mi rostro saldría
en ellas
y junto a mi cara
habría bonitas palabras como
«Libertad» o
«En la poesía confiamos».

Hay quien dice
que de ilusiones
no se vive.

Mienten.

No se vive de otra cosa.

“Mal sueño” (poema premiado en III certamen poesía joven del Liceo poético de Benidorm)

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No suelo recibir buenas noticias los domingos. Y menos aún, los domingos que despierto con resaca. Pero ésta lo es. El Liceo poético de Benidorm ha tenido a bien premiar un poema mío (Mal sueño). Como no he podido ir a la entrega de premios y no tengo fotos del fiestorro en el que imagino servirían algún entremés y vino de cortesía, me conformo con ilustrar esta entrada con unos versos sueltos que me vinieron hace unas semanas, haciendo unas gestiones en un Santander chileno (y es que la poesía es como hacer de vientre, te da el apretón en los momentos más inesperados).

Os dejo el poema que se lleva el segundo premio ex-aequo junto con un poema (Denuncia por lo penal a un cumulonimbo por no llover
cuando debía
) de Alba Santiago González.

Mal sueño

Subir a escena
y que la audiencia te escrute
como a un extraño:
vacía de sueños.
Que el blanco y el negro
impregnen el ambiente
como en un flashback.
Que la noche sea eterna;
que el público no tenga prisa
ni esperanza.
Que haya bostezos y soslayos
y achinar de ojos
y fruncir de ceños.
Que yo asimile, entonces,
que ellos no hablan este
mismo idioma.
Que no haya música
sino latidos
a contratiempo.
Que no haya métrica;
que el verso rebose el ancho de la página
     y caiga
          al precipicio
               del olvido.
Que estas palabras sufran arritmia
y este cuerpo caiga fulminado
por una trombosis de versos.
Que alguien retire a mi yo moribundo
y coloquen a otro payaso en mi lugar
mientras el público no pestañea
y ahí fuera
la bestia
crece.

La Fanzine #10 y Catálogo de invierno


Aquí en Chile los libros son “harto caros”, como dicen por estos lares.
No en vano, tienen uno de los impuestos al libro más altos del mundo, si es que no es el más alto.

Dejando de lado lo que eso conlleva (no tengo ganas de ponerme en plan crítico político esta mañana) los hechos son que llevo tiempo sin poder llevarme un buen libro a las manos.

El sistema burocrático chileno dificulta el acceso, de igual forma, a los libros de las bibliotecas municipales. A mí, sólo me está permitida la lectura en sala, ya que para alguien que no tiene la nacionalidad o la residencia definitiva en este país, el servicio de préstamo es poco menos que una utopía.

Es por eso que esta mañana me he llevado una doble alegría: La Fanzine #10 (bajo la temática del “desengaño”) y el último poemario de la compañera de poesía furiosa, Katy Parra, disponibles para su lectura on line.

Es tanta la alegría que, al igual que los bibliotecarios del poema rimbaudiano del post anterior, se me excitó el miembro al rozar las espigas. Vamos, que los dejo por aquí, para quien quiera leer, por la patilla, algo de poesía contemporánea de calidad:

Pincha sobre los enlaces para leerlos:
LA FANZINE #10 (VVAA)
CATÁLOGO DE INVIERNO (KATY PARRA)

Arthur Rimbaud a los bibliotecarios

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En una edición pirata de “Los poetas malditos” de Verlaine, que mi pareja encontró en un mercadillo alternativo en la Universidad de Concepción, me topé con este texto del poeta maldito francés, que desconocía, y que por alusiones y como curiosidad, quiero reproducir aquí.

Según cuenta Verlaine, Rimbaud, durante su época de estudiante era bastante aficionado a fumarse las clases y a salir a patearse montañas y bosques o a rondar cierta biblioteca en la que se dedicaba a erosionar la paciencia del bibliotecario de turno, pidiéndole raras obras orientales o libros científicos extraños. El bibliotecario, al parecer, solía aconsejarle a Rimbaud que se atuviera a los clásicos y dejara ya de joder con tanto título raro. El poeta, en venganza, le compuso este poema:


Los sentados

Costrosos, negros, flacos, con los ojos cercados
de verde, dedos romos crispados sobre el fémur,
con la mollera llena de rencores difusos
como las floraciones leprosas de los muros;

han injertado gracias a un amor epiléptico
su osamenta esperpéntica al esqueleto negro
de sus sillas; ¡sus pies siguen entrelazados
mañana, tarde y noche, a las patas raquíticas!

Estos viejos perduran trenzados a sus sillas,
al sentir cómo el sol percaliza su piel
o al ver en la ventana cómo se aja la nieve,
temblando como tiemblan doloridos los sapos.

Los Asientos les brindan favores, pues, prensada,
la paja oscura cede a sus flacos riñones
y el alma de los soles pasados arde, presa
de las trenzas de espigas donde el grano cuajaba

Los Sentados, cual músicos, con la boca en sus muslos,
golpean con sus dedos el asiento, rumores
de tambor, del que sacan barcarolas tan tristes
que sus cabezas rolan en vaivenes de amor.

––¡Ah, que no se levanten! Llegaría el naufragio…
Pero se alzan, gruñendo, como gatos heridos,
desplegando despacio, rabiosos, sus omóplatos:
y el pantalón se abomba, vacío, entorno al lomo.

Oyes cómo golpean con sus cabezas calvas
las paredes oscuras, al andar retorcidos,
¡y los botones son, en su traje, pupilas
de fuego que nos hieren, al fondo del pasillo!

Mas tienen una mano invisible que mata:
al volver, su mirada filtra el veneno negro
que llena el ojo agónico del perro apaleado,
y sudas, prisionero de un embudo feroz.

Se sientan, con los puños ahogados en la mugre
de sus mangas, y piensan en quien les hizo andar;
y del alba a la noche, sus amígdalas tiemblan
bajo el mentón, racimos a punto de estallar.

Y cuando el sueño austero abate sus viseras,
sueñan, sobre sus brazos, con sillas fecundadas:
auténticos amores, mínimos, como asientos
bordeando el orgullo de mesas de despacho.

Flores de tinta escupen pólenes como tildes,
acunándolos sobre cálices en cuclillas,
como a ras de unos gladios un vuelo de libélulas
––y su miembro se excita al rozar las espigas.