La contra: Incultos y orgullosos

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Inicio una nueva sección de este blog que he decidido llamar “La contra”. En ella voy a reinterpretar la información aportada por algún artículo o noticia que encuentre por la red y que me haga rechinar dientes. No sé si la sección tendrá continuidad. Las entregas (de haberlas) serán irregulares. Pero qué más da. Todo es por llevar la contra a titulares como éste:

“Sí, soy un inculto, pero gano mucho más que tú. ¿Qué pasa? ¿Eh?” (Recomiendo leer el artículo)

Es una imagen realmente triste la de un tipo alegando que no le importa ser un inculto porque tiene pasta. Triste, triste. No tengo nada en contra de la ignorancia. Yo soy bastante ignorante en cantidad de temas distintos. Lo que realmente me entristece es la falta de interés, la falta de curiosidad. Quien pronuncia estas palabras está apagado. Off. No quiere saber más. Tiene sus billetes crujientes y puede contarlos: 1… 2…

Ok. Todo el mundo sabe que en España no se lee una mierda y que todo lo “cultural” al ciudadano medio se la repampinfla. Es el espíritu de nuestro tiempo. Es la herencia que nos dejaron aquellos reyes absolutistas que quisieron mantener a raya las aspiraciones culturales de su reino de paletos. Nadie ha hecho nada para evitarlo. A día de hoy, los planes de estudio de los colegios no motivan a nadie en ese sentido. La cultura no es rentable, luego no se financia. Nuestro talento creativo se pudre en nuestro interior a falta de estímulos. Insisto, nadie ha hecho nada para evitarlo. En una cadena sale un grupo de tipos envalentonados defendiendo que desangrar a un toro a banderillazos es cultura. En otro canal, la cámara enfoca a los problemas existenciales de una post-adolescente que sería capaz de mearse encima de las obras completas de Faulkner si el programa le pagara lo suficiente. Nos han bombardeado con toda clase de mierda superficial y hueca, ¿qué esperan? ¿Que cuando el chaval del coche tuneado salga de echar doce horas en una fábrica se vaya a su casa a leer a Camus y a escuchar a Stravinsky? ¿En qué clase de mundo utópico y absurdo iba a pasar eso?

¿Desde cuándo la obviedad da para un reportaje? Siempre ha habido gente a la que la cultura se la ha traído al pairo. Gente de clase alta, media y baja. ¿De verdad es necesario mostrar la gilipollez humana en toda su crudeza? Me gusta especialmente esta perla del dueño de un bar: “Yo esos de los libros, a los que van de culturales, me descojono. Llevo diez años con el negocio y no he visto ni uno que tenga para pagarse los cafés”. ¡Claro que sí, joder! ¡A boca llena! ¡Id a chuparle la sangre a otro! Jajaja ja ja… ja. A ver, pedazo de ceporro, lo primero es que no ha habido un puñetero escritor en la historia de la literatura que tuviera para pagarse un café diario. Respeta eso, maldito intolerante. Es parte de nuestra idiosincrasia. No quiero criticarte. Lo digo en tono constructivo: Lee a Céline, a Bukowski, a Henry Miller, a Fante, a McCarthy, a Bolaño… No eran ascetas, pero todos aprendieron a pegar dentelladas a la vida y a sobrevivir. Sus historias son relatos fascinantes reproducidos en negro sobre blanco en las páginas que mecanografiaron mientras el estómago les rugía o se fumaban el último cigarrillo. Auténticas historias de supervivencia. Al fin y al cabo, el café sólo es café, pero una buena historia es una buena historia.

El rechinar de dientes se convierte en un “serrar de dientes”: Según el reportaje de El confidencial, hay quien alega que la cultura no es atractiva porque “hace pensar y porque incomoda“. Tócate los huevos. Según estas declaraciones, nos enfrentamos a gente que se opone a usar su propio cerebro, aún teniendo las facultades biológicas para hacerlo. ¿Cómo respondes tú a esto? …Se me ocurre una manera, una así, más propia de Hollywood, que a lo mejor resulta más atractiva para el gran público:

Imagina que soy un negro calvo de dos metros con una chupa de cuero hasta los tobillos. Imagina que te explico que vives en “Matrix” y que “Matrix” no son más que todos esos mensajes conservadores, envueltos en formato audiovisual o impreso que, de un modo u otro, te insertan en la cabeza. Imagina que “Matrix” te condiciona y te modela, como si fueras un pedazo de barro bailando en un torno. Vivir en “Matrix” es muy cómodo ya que te dicen cómo vestir, comportarte o pensar acerca de temas trascendentales como… Bah, da igual. No te aportan nada transcendental en lo que pensar. Ahora, imagina que te ofrezco una pastilla roja. La pastilla roja es cultura. La pastilla roja puede causarte ligeras molestias, porque no usa el mismo discurso que “Matrix”. Ni tiene el mismo mensaje. Es dulce y amarga. La pastilla roja te dice quién eres, “Matrix” te dice quién debes ser. La pastilla roja busca sacudirte de adentro afuera, no anestesiarte. “Matrix” es soma. La cultura, anfetamina.

La cultura no va a morir, como sugiere de algún modo el reportaje. En todo caso se transformará. Se ha ido transformando desde que vivíamos en cavernas y ha conocido todas las épocas, porque la cultura es nuestro reflejo. Segregamos cultura de manera inevitable. La muestra está en que músicos, pintores, escritores de todas las épocas han llevado a cabo su labor, aún cuando no recibían un céntimo por ello. Al final, no sé si el efecto causado por el artículo es una crítica o es un favor que le hacen al sistema que nos quiere idiotas.

Llevándole la contra al titular del reportaje:
“Sí, no tengo un duro. Pero he vivido más vidas, he disfrutado mejor música y he tenido sueños más fascinantes que los tuyos.