Diciembre: Un homenaje y un recital contra el cáncer

Sé que este blog está más parado que Rajoy ante el proceso de independentismo catalán. Una serie de cambios vitales me han ido alejando de las intenciones con que antes me desparramaba por aquí. No obstante, como éste sigue siendo el mejor punto de referencia sobre mis textos que hay en Internet, he decidido mantenerlo vigente con dos objetivos: el del autobombo (lo más cómodo de hacer, lo que menos interesa a los lectores) y el objetivo de escribir artículos de opinión, reseñas, críticas o monólogos internos sobre el mundillo de la escritura/literatura (algo no tan cómodo para mí, pero un contenido más “útil” para los lectores).

Dicho esto, procedo a anunciar un par de cosas:

Patrick Ericson & Eric Luna

  1. El pasado 11 de diciembre recibí junto a mi padre un galardón-barra-homenaje por parte la cadena local de radio Cope Espuña. Estos premios rinden homenaje cada año a personas de mi localidad natal que han destacado a lo largo del año en algún contexto. A mi padre y a mí nos (re)premiaron por el asunto de estos premios literarios. Un gesto pequeñito, pero que da calor.
  2. El próximo domingo 27 de diciembre participaré recitando algunos poemas en el evento “Murcia pinta mucho contra el cáncer”, un festival de artistas comprometidos de algún modo con la problemática de esta enfermedad. Será en el auditorio Victor Villegas de Murcia, de las 17 a las 20 horas.

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…Y así parece terminar este 2015: Con relatos, con poesía y con las ganas puestas en los nuevos objetivos para 2016.

Cualquier novedad, os la haré saber por aquí 🙂

Cuando la realidad te hace un spoiler

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El arte imita a la vida y, a veces, la vida parece imitar al arte. Anoche debía estrenarse en USA el último capítulo de esa serie cuya soberbia primera temporada se ha ganado todo mi interés: Mr. Robot.

Como digo, debía estrenarse anoche. Pensaba verlo esta noche, al llegar del trabajo, pero me he topado con que no. Hoy no va a ser. No he tenido que buscar mucho para enterarme de la noticia: El estreno se atrasaba una semana debido a los paralelismos entre lo que sucede en el último episodio y unos hechos reales acontecidos ayer en el estado de Virginia. No quiero enlazar noticias trágicas desde este blog, es una nueva política interna, pero con poco que googlees encontrarás una noticia referente a un tiroteo en el que resultaron muertos una periodista y su cámara, cuyo objetivo siguió grabando aún cuando éste cayó al suelo.

No pretendo frivolizar con este tema. Desde luego, es un asesinato y es una tragedia. Pero esto me dice algo más: Más allá de lo fantástico que hay en el guión de Mr. Robot (lo referido a la parte esquizofrénica del protagonista, mayormente) hay una gran carga de veracidad en ese historia. Y está en la línea de avivar la llama de ese Fobos tecnológico que tanto ha explotado Black Mirror. Hace que uno se plantee ante la ficción: ¿Vivimos realmente en un mundo éste?

Jung, en este caso, hablaría de sincronicidades, pero irónicamente también es un spoiler como la copa de un pino.

Escribir un libro pulp (7): Presentación en Del Aire Artería

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El miércoles de la semana pasada, Constanza, Valentina y el resto del equipo de Del Aire Artería hicieron un hueco en su agenda para hacer posible la presentación del libro de relatos pulp de un servidor: “Negra, fría, dura y en tu boca“.

Hasta allí nos movilizamos Fer Torres Cancino (psicóloga, lectora empedernida y amiga) y éste que teclea, junto a un modesto pero respetable grupo de amigos, para escuchar lo que Fer y yo teníamos que decir acerca de la literatura pulp y de las cinco historias que componen “Negra, fría, dura y en tu boca”.

Aquí un extracto de lo que se me ocurrió decirles a los asistentes, mientras ellos trasegaban unos zumos naturales de a litro:

“(…) Cuando los temas de los que tratan estas historias empezaron a convertirse en nubarrones negros, que volaban por encima de mi cabeza, vi la necesidad de escribirlos.
Mi intención era escribir sobre los efectos de las crisis en las personas. Nosotros que, como seres humanos, podemos aspirar a ser altruistas, solidarios, creativos, espirituales… ¿Qué ocurre cuando una crisis econónica, espiritual o moral se instala en nuestra cabeza? ¿En qué clase de monstruos podemos llegar a convertirnos?

Los monstruos son reales. Y a mí me daban tanto miedo los monstruos a los que acababa de abrirles la puerta, que mi mejor opción fue convertirlos en una caricatura, en una desproporcionada e histriónica y risible imagen de ellos mismos. En otras palabras: En pulp.

(…)”

IMAG1288Aquí, yo con Fer que, aunque parece que esté durmiendo mientras yo hablo del libro, en realidad está escuchando atentamente con los ojos cerrados. O eso dijo.

IMAG1298Aquí el sector de fans e incondicionales, encargados del suministro de ejemplares que no falten. Nótese que Charles, el morenito de la izquierda, se llevó un ejemplar para aprender español, aún siendo canadiense y entendiendo más bien poco de castellano vulgaris. Todo un honor para mí. Chúpate esa, Cervantes.

IMAG1302Aquí, uno de los cuadros que podían verse en la exposición que había en ese momento en Del Aire Artería. Obsérvese que el tema escogido parecía versar sobre la locura. Algo muy adecuado, teniendo en cuenta el libro lleno de demencia y despropósitos mentales que presentábamos en sociedad aquella noche.

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Como mandan los cánones de este tipo de reuniones sociales, terminamos por irnos a un bar a celebrar que “Negra, fría, dura y en tu boca” formó parte, por una noche, de la cultura under under súper underground de Concepción.

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Aquí mi compañero de piso, que desde que descubrió la palabra “puñetero” no hace más que llamarme así. En efecto, soy bastante puñetero. Por eso le saqué esta foto en la que anda cuestionándose la inmortalidad del cangrejo, mientras la “V” de la victoria sobrevuela su cabeza.

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Como se puede ver, me dio tiempo a cambiar la chaqueta formal de los domingos por la chupa de cuero falso. Y es que los bares son cosa seria y no puede entrar uno vestido de cualquier manera.

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Por otro lado, un día antes de la presentación, con la ayuda de mi pareja y del pelirrojo de la foto de antes, sorteamos un ejemplar en papel, entre los seguidores de la página de Facebook del libro. Me comprometí a entregar en mano o por correo un ejemplar al elegido y el ganador fue Simón González, un viejo amigo al que hace un montón que no veo.

Ya tenemos excusa para que me invites a una cervecita cuando regrese a España, Simón. Este ejemplar que tengo en la mano es el tuyo. Enhorabuena.

Pd: Si participaste en el sorteo y no ganaste (de verdad que lo siento, pero sólo puede ganar uno) o si, simplemente, te apetece asomarte a estos relatos para adultos que tan buenas críticas están cosechando entre los amiguetes (y mira que, no sé los tuyos, pero los míos son más bien tirando a cabroncetes), puedes hacerte con el libro en Amazón o bien, en papel, poniendo el cursor sobre el sobre que hay en la barra de la derecha y escribiéndome al correo. Si te interesa encontraremos el modo de hacértelo llegar.

Regresar de la Patagonia

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Cuando era un crío no sabía bien qué era la Patagonia. Imaginaba que sería un lugar y que estaría bien lejos, ya que en los cómics de Mortadelo y Filemón siempre era el lugar al que los agentes de la TIA huían tras liarla parda o bien adonde el Súper les amenazaba con mandarles si volvían a cagarla en una misión.

Secretamente, la Patagonia era uno de esos lugares a los que de niño soñé con ir, hasta que crecí y pasó lo de siempre, que uno aparca los estúpidos anhelos infantiles por considerarlos eso: estúpidos e infantiles.

Sin embargo, esta semana pasada, aprovechando que desde Concepción no distan más que unas diez horas en bus, aprovechamos para cruzar la frontera, renovar el visado de turista por tres meses más y visitar un pueblecito patagónico de la Argentina: San Martín de los Andes.

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La experiencia ha sido intensa, pero ante todo grata: Probamos el chocolate andino y el cordero a la brasa que hacen aquí, alquilamos un coche para recorrer la ruta de los Siete Lagos que une San Martín con Bariloche y aproveché para visitar la única librería de la localidad: Patalibro; que estaba abarrotada por lo económicos que son los libros en Argentina (comparado con Chile).

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Es en esta librería donde encontré, por primera vez, un libro cartonero entre las estanterías. Éste:
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Al volver de Argentina, me encuentro con que Luís, un colega, ha subido a Facebook unas instantáneas de mi poemario cartonero “Caviar para gusanos“. No sabes la ilusión que me hace, Luís, tío. Un escritor es lo que escribe y esto, aunque parezca una gilichorrez, a 10.000 kilómetros de distancia, hace ilusión.

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Recuerdo que antes de venir para Chile soñaba frecuentemente con aviones que despegaban conmigo dentro. Ahora, suelo soñar con gente a la que echo de menos, con cervecitas en una terraza en España y cosas así.

El otro motivo de alegría llega por medio de Álvaro (Koki, para los que lo hemos compartido casa y experiencias con él). Koki era uno de los habitantes del piso en el que estuve viviendo en Granada, una de las tres personas que ha dejado una huella imborrable tras mi paso por la ciudad de la Alhambra, alguien con una mentalidad de vida con la que me sentí bastante identificado.

A raíz de nuestra convivencia y de sus conocimientos de realización salió una propuesta de unir fuerzas y rodar el guión de un corto que escribí hace siglos y del que, quienes me conocen bien, han oído hablar aunque sólo sea una vez: “La bañera“.

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Pese a que el año pasado dicho proyecto quedó en agua de borrajas, hará un mes, Koki retomó la idea. Revisé y corregí el guión para él y, según tengo entendido, ya ha sido rodado. Espero que todo vaya sobre ruedas y poder ver esa historia en una pantalla.

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Esta imagen significa para mí mucho más de lo que puedas imaginarte.

Narrar en tiempos de crisis

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En realidad, poco o nada tiene que ver la imagen que encabeza este post con la intención del mismo. Simplemente es que me gustan las máquinas de escribir. A día de hoy, las considero un objeto de culto. Es por eso que, cuando no sé cómo encabezar un escrito googleo “algo” junto a “máquina de escribir” y selecciono lo que más me motive.

Poco antes de venir a Chile tuve la oportunidad de charlar con un señor de edad avanzada y de dedos manchados de tinta, cuyo trabajo era arreglar máquinas de escribir. Un trabajo anacrónico el suyo, en plena era de las redes sociales y las telecomunicaciones (qué palabra más fea, carajo, “telecomunicaciones”, a ver cuando sale alguna otra que la suplante). El caso es que este señor aún tenía algo de trabajo en notarías y escasos lugares como éste, donde aún sobrevive la escritura en rodillo. No charlamos sobre nada trascendental. Los carretes con doble color (rojo y negro) la tendencia de ciertas letras a perderse (las “ñ”, sobre todo, tenían esta particularidad).

Su oficio muy probablemente morirá con él. No es algo triste. Es lo que tiene que pasar. Por ello, charlar de teclas que se pierden, de clases de mecanografía, de olor a metal y a tinta con este señor es como despedirse de un libro viejo de la EGB.

Me devuelven a momentos del pasado en que las cosas eran más sencillas y tenían un verdadero sabor, un verdadero olor. Las ideas son madejas de hilo que se trenzan sin motivo y este señor y sus dedos manchados y la vieja Olivetti a la que estaba practicando cirugía me recuerda a mi infancia, al tecleo de mi padre amartillando al otro lado de la puerta nuestra Olivetti color aceituna, a solas, en un cuarto pequeño de nuestro apartamento.

Y me estoy yendo por los cerros… La verdadera intención de este post es reseñar una reseña: La que el Colectivo Iletrados ha tenido a bien de hacernos a cuatro narradores, juntaletras o lo que seamos, que por medio de nuestras palabras en blogs, libros y otros formatos abordamos temas como la precariedad laboral o la emigración, en tiempos de crisis.

Cada uno con su particular perspectiva. A destacar el libro “Yo, precario” de Javier López Menacho, con el que estoy deseando hacerme en cuanto vuelva a España.

Maldita España. Te lloro por un ojo, mientras te escupo por los dedos.

Os dejo el enlace:

http://colectivoiletrados.blogspot.com/2013/04/narrar-la-crisis.html

Postdata: Al listado, añado yo de manera personal un libro con el que estoy deseando hacerme tan pronto regrese para España.
El libro en cuestión es 2020 del también escritor murciano Javier Moreno, de quien me declaré incondicional tras leer su obra “Click”. Su última novela parece ahondar de manera distópica en la realidad socioeconómica de nuestro querido país de corruptos a siete años vista. Sin duda, que no tendrá desperdicio…

Cosas que nunca te conté, maldito blog


Seré breve, seré parco en palabras.

Antes de tomar el vuelo en dirección a Santiago de Chile, hubo algunos pequeños acontecimientos de los que a un escritor de talla humilde le jodidamente hacen feliz.

El primero fue recibir un ejemplar en papel (más otro par de ejemplares de regalo que la gente de La Vida Rima tuvo a bien de enviarme) del especial Fin del Mundo de la revista de relatos Al Otro Lado del Espejo, en el que aparece mi relato “Ingrid y el camino a ninguna parte”. Uno de los relatos de la trilogía apocalíptica breve que me dio por escribir hará un año.

Aquí la revista en versión digital:


Por otro lado y como acto de fin de curso para los talleres de ficción que estuve realizando en Lorca, celebramos un recital, en el que les di repaso cronólogico a mis poemas (desde el cuasi-inédito “Insert coin again” al artesanal “Caviar para gusanos”). Un recital que, para mí resultó bastante especial, por el ambiente, por lo arropado que me sentí, porque era como recitar poesía con una cerveza recién sacada del congelador y zapatillas de andar por casa.

Isa Millán y los demás componentes de “La Sala de Estar” propiciaron el clima adecuado, le buscaron un lugar privilegiado a mis poemarios cartoneros y adquirieron los que me sobraron para poder venderlos ellos por su cuenta. ¡Desde aquí, mil gracias, gente!

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Mención aparte habría que hacer sobre los alumnos del taller de ficción de Murcia en la asociación “La Azotea”, donde Fer y, especialmente Eva, también me hicieron sentir como en casa durante los meses en que se desarrolló dicho taller.

Pese a la insistencia de Thomas y a contar con la presencia de Sandra e Itziar, me fue imposible poder asistir a este evento que, para mí, tenía un carácter especial, -el que ellos pretendieron darle-: un evento multidisciplinar, donde sacar al escritor de su soledad (algo que había sido un tema recurrente durante el curso). Convertir la creación artística en una fiesta para los sentidos. Me consta que así fue, aunque no disponga de imágenes para mostraros de aquella noche, sí que tengo el cartel. También tengo las palabras de ánimo que nos cruzamos, por medio de mensajes privados, ante mi inminente viaje a Sudamérica. Aunque ésas las guardo para mí.

Gracias a todos.

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Chilenismos y españolísimos

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Nunca lo dije por aquí. Entre otras cosas, para evitarme problemas en la aduana. El caso es que ya es una realidad: Llevo tres semanas en Chile, con intención de permanecer aquí por un tiempo.

En este lapso, no ha habido un día en que no tomara notas de lo que recogían mis sentidos. A día de hoy, vivo en el país natal de Bolaño como un niño para el que todo es original y novedoso. Y, aunque no todo es de mi agrado, traté de dejar mis prejuicios y mi impaciencia en España y, ante cada problema, intento buscar una solución o soltar una carcajada.

Todo esto suena muy happy o muy vivalavida, pero no soy ningún infeliz. He aterrizado desde un país en cenizas, donde a la gente le cuesta mantener una sonrisa o sacar adelante un proyecto y, ahora mismo, cada mirada de recelo por ser extranjero, cada vez que tengo dificultades para comunicarme por tener un acento extraño (o debido al excesivo uso de la jerga propia de Chile) o cada vez que me han dicho que hablo en españolísimo, ha resultado ser un soplo de aire fresco para mí. Lo tengo jodido. Pero aún vivo como en un sueño y, consciente de ello, me limito a no preocuparme. Que todo fluya. Así ha sido desde que bajé del avión en Santiago.

El chileno de a pie me ha demostrado ser afable en el plano personal. Voluntarioso y dispuesto a ayudar. Hay otros contrastes que me chinan. Pero, por lo general, no puedo quejarme. Vivo en propia carne la experiencia del inmigrante y, precisamente, las instituciones en España nunca fueron un ejemplo a seguir en lo que respecta al trato con el extranjero.

La burocracia es terrible aquí. Necesitas papeles, cédulas de identidad y documentos ante notario casi para cualquier cosa (un buen ejemplo de esto fue que me solicitaran el RUT -una especie de DNI chileno- para devolver una bombilla en una tienda. Y no, no me vacilaban, aquí es lo habitual).

Otro aspecto llamativo de Chile es el efecto de su capitalismo salvaje. Todo está en venta. Todo se compra. La competencia espera a la vuelta de la esquina. La publicidad es asfixiante en las calles de Concepción, al menos para alguien que no está acostumbrado a tanto estímulo visual. La venta ambulante, -según me han informado- es ilegal, como en España. Pero los carabineros suelen hacer la vista gorda y en cada esquina, plaza o calle hay alguien vendiendo algo, como esto:

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De momento, todo son anotaciones en mi libreta. No sé cómo plasmaré todo esto, ni cuándo. Sé que lo haré.

De momento, me limito a vivir, ¿cachái?.

De esta manera:
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