Confieso que he escrito: 4 años, 200 posts

IMGP0316

…seamos todos, cumpleaños feliz!

Os introduzco así en esta entrada número 200 del blog: Como si, de pronto, abriérais la puerta de una habitación y os encontrárais con que se está celebrando un cumpleaños. Supongo que, de alguna manera, eso es lo que es esto: Un cumpleaños íntimo, celebrado a puerta cerrada, en este humilde blog.

4 años.

Han pasado tantas cosas en este tiempo, que si tuviese que hacer inventario, me aburriría y preferiría contar lo que no ha cambiado. Nunca lo había pensado, pero un blog siempre tiene a alguien detrás y, lo más probable, es que ese alguien cambie con el tiempo. Él o ella y sus circunstancias.

Echo la vista atrás y veo cantidad de cosas que se quedaron allí, en el pasado. Sin embargo, otras siguen vigentes. Hablo de valores, hábitos, trabajos, personas… Si saco alguna conclusión de esto es la de que todo lo que no se ha quedado por el camino, esas poquitas cosas que no han cambiado en todo este tiempo, de alguna forma, me definen mejor.

Una vida se construye a partir de elecciones. No siempre las que tomamos son las más acertadas, pero siempre nos pertenecen. Por tanto, yo soy mis elecciones. Yo elegí, por ejemplo, escribir este blog y ésta es la bicentésima entrada del año cuatro.

Viéndolo con perspectiva, este blog es un caos.

He escrito poemas, he escrito relatos (bastante mejorables, la mayoría), he reseñado libros o he recomendado lecturas, he contado anécdotas de mi propia vida, he hablado de eventos literarios en los que he tomado parte o que yo mismo he promovido, he apoyado actividades literarias o culturales ajenas con las que me sentí identificado, le he dedicado unas líneas a músicos del Club de los 27 y otros difuntos, me he desahogado, he hecho el payaso, he escrito artículos de opinión, crónicas sobre el 15M o las elecciones generales de 2011, he escrito prosas poéticas, he pedido silencio, me he puesto paranoico, he hablado de técnica literaria o de colaboraciones en fanzines o de bibliofilia, he hecho auto-bombo, he escrito con humor, con drama, con soberbia, me he contradicho cantidad de veces… Hasta una vez le escribí unas líneas a un busto de Beethoven.

Por este blog ha desfilado gran parte de lo que he escrito: Tres poemarios (uno de ellos, cartonero), una plaquette, un guión para un corto (que por fin ha sido rodado), una novela pasajera e inmadura, mis artículos de opinión publicados en la revista Entrelíneas y un libro de relatos pulp.

He escrito cosas de las que seguramente siempre me sienta orgulloso y cosas que, a día de hoy, me dan vergüenza de sólo pensarlas. He aprendido que así es el camino: Sin miedo a equivocarte. Sin esperar palmaditas en la espalda. Sólo divirtiéndote. Poniéndole emoción.

He escrito en mi cuarto. A veces (en las que no quería que se enfriara la chispa de la inspiración), también desde el trabajo. He publicado entradas viviendo en cuatro ciudades distintas. He escrito rodeado de gente y completamente solo en casa, por no terminar hablando con mi propia sombra. He escrito con música. Con lluvia. Con sueño. Ilusionado, siempre, con la idea que me estaba empujando a escribir.

Lo tenéis que saber. Todos los que estáis al otro lado y escribís también. Tenéis que saber de lo que hablo. Nadie me ha dado un euro por estas palabras (miento, una vez me ofrecieron 50 por escribir un publirreportaje en este blog, a lo que me negué, por cierto) y, sin embargo, no he dejado de hacerlo.

No es que pretenda darle a esto un mérito que no tiene. He sido bastante vago. 200 entradas en cuatro años sale a… 4,16 entradas al mes. Vagancia de la mala, vaya.

Mi actividad bloguera, aunque escasa, se remonta hasta marzo de 2008 con Puro olor a incienso y, en realidad, hasta septiembre de 2007 con un blog anterior, que el dios de la worldwideweb se tragó hace tiempo, junto a mis textos.

Pero éste es mi cumpleaños y me toca soplar las velas. Pedir un deseo. Y, en este momento deseo seguir escribiendo, pero cambiando de tercio. Evolucionando un poquito.

Supongo que seguiré escribiendo aquí como hasta ahora, a trompicones, por rachas, para contar alguna novedad o anunciaros algo de lo que he escrito. Puede que un día cuelgue el cartel de cerrado. Últimamente, lo venía sopesando. Tengo en mente nuevos proyectos y siempre es bueno establecer un antes y un después, de algún modo. No sé. De momento y hasta nuevo aviso, sigo por aquí.

Generando caos.

Con los dedos bailando al son de la música que suena en mi cabeza.

Postdata: El de la foto soy yo, sentado en la barandilla de las cascadas de los Saltos de Laja, aquí en la región del Bio-Bio. Creo que resume un poco todo lo escrito. Arriesgar, sin miedo a caer. Porque la mayoría de las veces que uno cae, siempre puede levantarse.

Regresar de la Patagonia

IMGP0756


Cuando era un crío no sabía bien qué era la Patagonia. Imaginaba que sería un lugar y que estaría bien lejos, ya que en los cómics de Mortadelo y Filemón siempre era el lugar al que los agentes de la TIA huían tras liarla parda o bien adonde el Súper les amenazaba con mandarles si volvían a cagarla en una misión.

Secretamente, la Patagonia era uno de esos lugares a los que de niño soñé con ir, hasta que crecí y pasó lo de siempre, que uno aparca los estúpidos anhelos infantiles por considerarlos eso: estúpidos e infantiles.

Sin embargo, esta semana pasada, aprovechando que desde Concepción no distan más que unas diez horas en bus, aprovechamos para cruzar la frontera, renovar el visado de turista por tres meses más y visitar un pueblecito patagónico de la Argentina: San Martín de los Andes.

IMGP0742

La experiencia ha sido intensa, pero ante todo grata: Probamos el chocolate andino y el cordero a la brasa que hacen aquí, alquilamos un coche para recorrer la ruta de los Siete Lagos que une San Martín con Bariloche y aproveché para visitar la única librería de la localidad: Patalibro; que estaba abarrotada por lo económicos que son los libros en Argentina (comparado con Chile).

IMAG1220

Es en esta librería donde encontré, por primera vez, un libro cartonero entre las estanterías. Éste:
IMAG1217

Al volver de Argentina, me encuentro con que Luís, un colega, ha subido a Facebook unas instantáneas de mi poemario cartonero “Caviar para gusanos“. No sabes la ilusión que me hace, Luís, tío. Un escritor es lo que escribe y esto, aunque parezca una gilichorrez, a 10.000 kilómetros de distancia, hace ilusión.

316185_10201086628664339_1649422951_n

Recuerdo que antes de venir para Chile soñaba frecuentemente con aviones que despegaban conmigo dentro. Ahora, suelo soñar con gente a la que echo de menos, con cervecitas en una terraza en España y cosas así.

El otro motivo de alegría llega por medio de Álvaro (Koki, para los que lo hemos compartido casa y experiencias con él). Koki era uno de los habitantes del piso en el que estuve viviendo en Granada, una de las tres personas que ha dejado una huella imborrable tras mi paso por la ciudad de la Alhambra, alguien con una mentalidad de vida con la que me sentí bastante identificado.

A raíz de nuestra convivencia y de sus conocimientos de realización salió una propuesta de unir fuerzas y rodar el guión de un corto que escribí hace siglos y del que, quienes me conocen bien, han oído hablar aunque sólo sea una vez: “La bañera“.

976222_4944015594217_1475523833_o

Pese a que el año pasado dicho proyecto quedó en agua de borrajas, hará un mes, Koki retomó la idea. Revisé y corregí el guión para él y, según tengo entendido, ya ha sido rodado. Espero que todo vaya sobre ruedas y poder ver esa historia en una pantalla.

977888_4949563172903_1756090882_o

Esta imagen significa para mí mucho más de lo que puedas imaginarte.

Narrar en tiempos de crisis

crisisynarracion

En realidad, poco o nada tiene que ver la imagen que encabeza este post con la intención del mismo. Simplemente es que me gustan las máquinas de escribir. A día de hoy, las considero un objeto de culto. Es por eso que, cuando no sé cómo encabezar un escrito googleo “algo” junto a “máquina de escribir” y selecciono lo que más me motive.

Poco antes de venir a Chile tuve la oportunidad de charlar con un señor de edad avanzada y de dedos manchados de tinta, cuyo trabajo era arreglar máquinas de escribir. Un trabajo anacrónico el suyo, en plena era de las redes sociales y las telecomunicaciones (qué palabra más fea, carajo, “telecomunicaciones”, a ver cuando sale alguna otra que la suplante). El caso es que este señor aún tenía algo de trabajo en notarías y escasos lugares como éste, donde aún sobrevive la escritura en rodillo. No charlamos sobre nada trascendental. Los carretes con doble color (rojo y negro) la tendencia de ciertas letras a perderse (las “ñ”, sobre todo, tenían esta particularidad).

Su oficio muy probablemente morirá con él. No es algo triste. Es lo que tiene que pasar. Por ello, charlar de teclas que se pierden, de clases de mecanografía, de olor a metal y a tinta con este señor es como despedirse de un libro viejo de la EGB.

Me devuelven a momentos del pasado en que las cosas eran más sencillas y tenían un verdadero sabor, un verdadero olor. Las ideas son madejas de hilo que se trenzan sin motivo y este señor y sus dedos manchados y la vieja Olivetti a la que estaba practicando cirugía me recuerda a mi infancia, al tecleo de mi padre amartillando al otro lado de la puerta nuestra Olivetti color aceituna, a solas, en un cuarto pequeño de nuestro apartamento.

Y me estoy yendo por los cerros… La verdadera intención de este post es reseñar una reseña: La que el Colectivo Iletrados ha tenido a bien de hacernos a cuatro narradores, juntaletras o lo que seamos, que por medio de nuestras palabras en blogs, libros y otros formatos abordamos temas como la precariedad laboral o la emigración, en tiempos de crisis.

Cada uno con su particular perspectiva. A destacar el libro “Yo, precario” de Javier López Menacho, con el que estoy deseando hacerme en cuanto vuelva a España.

Maldita España. Te lloro por un ojo, mientras te escupo por los dedos.

Os dejo el enlace:

http://colectivoiletrados.blogspot.com/2013/04/narrar-la-crisis.html

Postdata: Al listado, añado yo de manera personal un libro con el que estoy deseando hacerme tan pronto regrese para España.
El libro en cuestión es 2020 del también escritor murciano Javier Moreno, de quien me declaré incondicional tras leer su obra “Click”. Su última novela parece ahondar de manera distópica en la realidad socioeconómica de nuestro querido país de corruptos a siete años vista. Sin duda, que no tendrá desperdicio…

Cosas que nunca te conté, maldito blog


Seré breve, seré parco en palabras.

Antes de tomar el vuelo en dirección a Santiago de Chile, hubo algunos pequeños acontecimientos de los que a un escritor de talla humilde le jodidamente hacen feliz.

El primero fue recibir un ejemplar en papel (más otro par de ejemplares de regalo que la gente de La Vida Rima tuvo a bien de enviarme) del especial Fin del Mundo de la revista de relatos Al Otro Lado del Espejo, en el que aparece mi relato “Ingrid y el camino a ninguna parte”. Uno de los relatos de la trilogía apocalíptica breve que me dio por escribir hará un año.

Aquí la revista en versión digital:


Por otro lado y como acto de fin de curso para los talleres de ficción que estuve realizando en Lorca, celebramos un recital, en el que les di repaso cronólogico a mis poemas (desde el cuasi-inédito “Insert coin again” al artesanal “Caviar para gusanos”). Un recital que, para mí resultó bastante especial, por el ambiente, por lo arropado que me sentí, porque era como recitar poesía con una cerveza recién sacada del congelador y zapatillas de andar por casa.

Isa Millán y los demás componentes de “La Sala de Estar” propiciaron el clima adecuado, le buscaron un lugar privilegiado a mis poemarios cartoneros y adquirieron los que me sobraron para poder venderlos ellos por su cuenta. ¡Desde aquí, mil gracias, gente!

IMAG0934

Mención aparte habría que hacer sobre los alumnos del taller de ficción de Murcia en la asociación “La Azotea”, donde Fer y, especialmente Eva, también me hicieron sentir como en casa durante los meses en que se desarrolló dicho taller.

Pese a la insistencia de Thomas y a contar con la presencia de Sandra e Itziar, me fue imposible poder asistir a este evento que, para mí, tenía un carácter especial, -el que ellos pretendieron darle-: un evento multidisciplinar, donde sacar al escritor de su soledad (algo que había sido un tema recurrente durante el curso). Convertir la creación artística en una fiesta para los sentidos. Me consta que así fue, aunque no disponga de imágenes para mostraros de aquella noche, sí que tengo el cartel. También tengo las palabras de ánimo que nos cruzamos, por medio de mensajes privados, ante mi inminente viaje a Sudamérica. Aunque ésas las guardo para mí.

Gracias a todos.

enestado

Gracias

Hace ya unos días que franqueamos la frontera del último año de la década. Mientras los más agoreros aparecen en los medios vaticinando que este 2010 será el peor año de nuestras vidas, yo opto por ignorar toda clase de comentarios y juicios, volando libre sobre los nubarrones, como una rara avis.


Hace tiempo que dejé la crítica a un lado por considerar que esa es la más cobarde de las imposturas. Si no te gusta algo, cámbialo. Ese es un buen consejo. Por ello, 2009 acabó convirtiéndose en el año de mi deconstrucción: porque para mejorarse a uno mismo, primero hemos de descender a nuestro infierno personal, enfrentarnos a nuestros temores y nuestros miedos,  y comprobar que éstos, en realidad, no son más que pesados sacos llenos de arena, lastre que debemos soltar para elevarnos sobre los problemas y las circunstancias.  Desde arriba todo se ve diferente.

No hice propósitos de año nuevo del estilo dejar de fumar o hacer más deporte. Mis propósitos abarcaban intenciones como ser más feliz, ser dueño y responsable de mis actos o llevar a cabo mis sueños. Porque nadie va a hacer nada por ti, y hasta que no se invente una máquina o una píldora que me proporcione felicidad de calidad y duradera, voy a tener que currármelo por mí mismo.

Así pues, amantes de lo negativo y la pesadumbre, si veis que sonrío al hablarme de crisis, paro u otras penurias, será simple y llanamente porque me he empeñado en que no hablemos el mismo idioma.

Porque, aunque los más obcecados se nieguen a verlo, siempre hay algo que agradecer. Gracias, menuda palabra. Anoche, mientras estructuraba mentalmente este post, estuve dándole vueltas al significado de dicho vocablo. Gracias es una palabra que se usa de igual forma cuando alguien te pasa la sal, que cuando un amigo te salva de un escollo. Gracias es lo que siento cuando paso junto a un músico callejero, que comparte sus dones por unas pocas monedas. Gracias es lo que ronda mi mente, cuando mi ateismo cae derribado ante una belleza que sólo ha podido ser orquestada por una inteligencia superior a la mía. Gracias es lo que segregan mis poros cuando caigo en la cuenta de que poseo piernas para bailar, ojos para observar, manos para tocar, oídos para escuchar y voz para cantar.

Gracias es todo lo que puedo decir a aquellos que han pasado por mi lado, mostrándome lo mejor de ellos mismos. Y no dejo de dar las gracias a todo lo que está por venir.

GRACIAS a ti.