Reseña de “Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce”

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Imagen de la versión de la obra adaptada al teatro por Arsenic Art Studio

Dicen que toda buena novela debe enganchar al lector en su primera frase, o al menos en el primer párrafo. Bolaño y Porta comienzan esta especie de road story de esta manera: “La muy puta conducía a toda velocidad”. Todo un comienzo in media res, que nos sumerge en la enfermiza historia de amor entre el aspirante a escritor Ángel Ros y la delincuente sin remedio Ana Ríos (ambos con iniciales A.R., supongo que una especie de auto guiño de los autores: Antonio y Roberto).

Esta novela, la primera escrita por los poetas A.G. Porta y Roberto Bolaño, parece ser una pequeña muestra de los juegos literarios de los que el escritor chileno se valdría en su posterior literatura: Se intercalan capítulos que son todo líneas de diálogo, saltos temporales, cartas y postales a la madre del protagonista, narración casi cinematográfica repleta de acción, lenguaje y ambiente propio del género noir, un apéndice que sobrevuela y enmarca la historia, o notas al pie en las que el protagonista aprovecha para disertar sobre sus pensamientos o sobre su obra inconclusa (una adaptación moderna y personal del “Ulises” de Joyce, la típica primera novela con la que cualquier escritor en ciernes aspira a explicarlo todo, ―parecen querer sugerirnos el dúo Porta-Bolaño―).

Haber o no haber leído el Ulises de Joyce (al que tanta referencia se hace a lo largo de la novela) no es algo que vaya a marcar un mayor o menor goce de la obra. Yo no lo he leído y me ha bastado con tener conocimiento de su existencia y de su argumento a grandes rasgos.

Los “Consejos” son una lectura poco convencional para el año en que fue escrita (1981-1983), y que obtuvo el premio Ámbito Literario de Narrativa en 1984, después de pasar sin pena ni gloria por otros certámenes.

Personalmente, destacaría el modo no lineal con el Porta-Bolaño nos narran esta historia de amor. Porque se trata de la clásica historia de amor (hacia la femme fatale, hacia la literatura) en la que el protagonista trata/desea/intenta forzar las cosas para volver los vientos a su favor, pero sin la constancia o la completa seguridad de que eso sea lo que realmente desea, en lugar de dejarse llevar por las circunstancias y la autodestrucción que lo rodea.

Hay una frase en el libro que creo que es de aplicación universal a todos aquellos que se encierran en un cuarto y se ilusionan con que algún día escribirán algo que merezca la pena. Resume algo así como la crisis de identidad del escritor. La frase dice: “La literatura, entendida de aquella manera descomunal, además de estúpida o tiernamente ignorante, si se la ve de forma compasiva, era la no asunción de ningún rol. Y así no se puede vivir”.

El modo, decía, en que el tándem Bolaño-Porta quiebra la linealidad para esta historia resulta bastante convincente. Confían en el lector, saben que si éste ha estado atento sabrá recomponer los detalles, las situaciones, hasta encajar toda la historia en su cabeza.

Los autores nos presentan situaciones, que dejan patente esa especie de hartazgo o fobia social del protagonista, sus altibajos emocionales, su amor/desamor por Ana (que representa el caos, la destrucción y la anarquía bajo la que parece querer refugiarse el protagonista para escapar de algo peor, el anonimato o una vida anodina, quizás). Y eso es lo importante, en esencia, acompañar al protagonista a lo largo de este periplo vital y cruzar los dedos esperando que salga de ahí bien parado.

Con esta novela breve me pasó algo que a veces pasa. Salvando los océanos de distancia, yo tenía esquemas y anotaciones sobre una historia que quería escribir, en la que el protagonista era un escritor enamorado enfermizamente por una delincuente al estilo de Ana y que se dejaba arrastrar por ella y por sus crímenes sembrados a lo largo de la carretera Panamericana. Sin saberlo, estaba tomando notas para un plagio involuntario. Aunque no es nada tan extraño, teniendo en cuenta que la figura de la pareja criminal es algo que se encuentra frecuentemente en la vida y en la ficción (Bonny & Clyde, Sid y Nancy, la película Asesinos Natos…).

Es una novela que recomiendo a los que buscan una historia épica, pero condensada en pocas páginas, así como para los que gusten de leer literatura de la que se paladea, aún cuando esa sea la excepción dentro del género negro.

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