Confieso que he escrito: 4 años, 200 posts

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…seamos todos, cumpleaños feliz!

Os introduzco así en esta entrada número 200 del blog: Como si, de pronto, abriérais la puerta de una habitación y os encontrárais con que se está celebrando un cumpleaños. Supongo que, de alguna manera, eso es lo que es esto: Un cumpleaños íntimo, celebrado a puerta cerrada, en este humilde blog.

4 años.

Han pasado tantas cosas en este tiempo, que si tuviese que hacer inventario, me aburriría y preferiría contar lo que no ha cambiado. Nunca lo había pensado, pero un blog siempre tiene a alguien detrás y, lo más probable, es que ese alguien cambie con el tiempo. Él o ella y sus circunstancias.

Echo la vista atrás y veo cantidad de cosas que se quedaron allí, en el pasado. Sin embargo, otras siguen vigentes. Hablo de valores, hábitos, trabajos, personas… Si saco alguna conclusión de esto es la de que todo lo que no se ha quedado por el camino, esas poquitas cosas que no han cambiado en todo este tiempo, de alguna forma, me definen mejor.

Una vida se construye a partir de elecciones. No siempre las que tomamos son las más acertadas, pero siempre nos pertenecen. Por tanto, yo soy mis elecciones. Yo elegí, por ejemplo, escribir este blog y ésta es la bicentésima entrada del año cuatro.

Viéndolo con perspectiva, este blog es un caos.

He escrito poemas, he escrito relatos (bastante mejorables, la mayoría), he reseñado libros o he recomendado lecturas, he contado anécdotas de mi propia vida, he hablado de eventos literarios en los que he tomado parte o que yo mismo he promovido, he apoyado actividades literarias o culturales ajenas con las que me sentí identificado, le he dedicado unas líneas a músicos del Club de los 27 y otros difuntos, me he desahogado, he hecho el payaso, he escrito artículos de opinión, crónicas sobre el 15M o las elecciones generales de 2011, he escrito prosas poéticas, he pedido silencio, me he puesto paranoico, he hablado de técnica literaria o de colaboraciones en fanzines o de bibliofilia, he hecho auto-bombo, he escrito con humor, con drama, con soberbia, me he contradicho cantidad de veces… Hasta una vez le escribí unas líneas a un busto de Beethoven.

Por este blog ha desfilado gran parte de lo que he escrito: Tres poemarios (uno de ellos, cartonero), una plaquette, un guión para un corto (que por fin ha sido rodado), una novela pasajera e inmadura, mis artículos de opinión publicados en la revista Entrelíneas y un libro de relatos pulp.

He escrito cosas de las que seguramente siempre me sienta orgulloso y cosas que, a día de hoy, me dan vergüenza de sólo pensarlas. He aprendido que así es el camino: Sin miedo a equivocarte. Sin esperar palmaditas en la espalda. Sólo divirtiéndote. Poniéndole emoción.

He escrito en mi cuarto. A veces (en las que no quería que se enfriara la chispa de la inspiración), también desde el trabajo. He publicado entradas viviendo en cuatro ciudades distintas. He escrito rodeado de gente y completamente solo en casa, por no terminar hablando con mi propia sombra. He escrito con música. Con lluvia. Con sueño. Ilusionado, siempre, con la idea que me estaba empujando a escribir.

Lo tenéis que saber. Todos los que estáis al otro lado y escribís también. Tenéis que saber de lo que hablo. Nadie me ha dado un euro por estas palabras (miento, una vez me ofrecieron 50 por escribir un publirreportaje en este blog, a lo que me negué, por cierto) y, sin embargo, no he dejado de hacerlo.

No es que pretenda darle a esto un mérito que no tiene. He sido bastante vago. 200 entradas en cuatro años sale a… 4,16 entradas al mes. Vagancia de la mala, vaya.

Mi actividad bloguera, aunque escasa, se remonta hasta marzo de 2008 con Puro olor a incienso y, en realidad, hasta septiembre de 2007 con un blog anterior, que el dios de la worldwideweb se tragó hace tiempo, junto a mis textos.

Pero éste es mi cumpleaños y me toca soplar las velas. Pedir un deseo. Y, en este momento deseo seguir escribiendo, pero cambiando de tercio. Evolucionando un poquito.

Supongo que seguiré escribiendo aquí como hasta ahora, a trompicones, por rachas, para contar alguna novedad o anunciaros algo de lo que he escrito. Puede que un día cuelgue el cartel de cerrado. Últimamente, lo venía sopesando. Tengo en mente nuevos proyectos y siempre es bueno establecer un antes y un después, de algún modo. No sé. De momento y hasta nuevo aviso, sigo por aquí.

Generando caos.

Con los dedos bailando al son de la música que suena en mi cabeza.

Postdata: El de la foto soy yo, sentado en la barandilla de las cascadas de los Saltos de Laja, aquí en la región del Bio-Bio. Creo que resume un poco todo lo escrito. Arriesgar, sin miedo a caer. Porque la mayoría de las veces que uno cae, siempre puede levantarse.
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