Regresar de la Patagonia

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Cuando era un crío no sabía bien qué era la Patagonia. Imaginaba que sería un lugar y que estaría bien lejos, ya que en los cómics de Mortadelo y Filemón siempre era el lugar al que los agentes de la TIA huían tras liarla parda o bien adonde el Súper les amenazaba con mandarles si volvían a cagarla en una misión.

Secretamente, la Patagonia era uno de esos lugares a los que de niño soñé con ir, hasta que crecí y pasó lo de siempre, que uno aparca los estúpidos anhelos infantiles por considerarlos eso: estúpidos e infantiles.

Sin embargo, esta semana pasada, aprovechando que desde Concepción no distan más que unas diez horas en bus, aprovechamos para cruzar la frontera, renovar el visado de turista por tres meses más y visitar un pueblecito patagónico de la Argentina: San Martín de los Andes.

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La experiencia ha sido intensa, pero ante todo grata: Probamos el chocolate andino y el cordero a la brasa que hacen aquí, alquilamos un coche para recorrer la ruta de los Siete Lagos que une San Martín con Bariloche y aproveché para visitar la única librería de la localidad: Patalibro; que estaba abarrotada por lo económicos que son los libros en Argentina (comparado con Chile).

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Es en esta librería donde encontré, por primera vez, un libro cartonero entre las estanterías. Éste:
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Al volver de Argentina, me encuentro con que Luís, un colega, ha subido a Facebook unas instantáneas de mi poemario cartonero “Caviar para gusanos“. No sabes la ilusión que me hace, Luís, tío. Un escritor es lo que escribe y esto, aunque parezca una gilichorrez, a 10.000 kilómetros de distancia, hace ilusión.

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Recuerdo que antes de venir para Chile soñaba frecuentemente con aviones que despegaban conmigo dentro. Ahora, suelo soñar con gente a la que echo de menos, con cervecitas en una terraza en España y cosas así.

El otro motivo de alegría llega por medio de Álvaro (Koki, para los que lo hemos compartido casa y experiencias con él). Koki era uno de los habitantes del piso en el que estuve viviendo en Granada, una de las tres personas que ha dejado una huella imborrable tras mi paso por la ciudad de la Alhambra, alguien con una mentalidad de vida con la que me sentí bastante identificado.

A raíz de nuestra convivencia y de sus conocimientos de realización salió una propuesta de unir fuerzas y rodar el guión de un corto que escribí hace siglos y del que, quienes me conocen bien, han oído hablar aunque sólo sea una vez: “La bañera“.

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Pese a que el año pasado dicho proyecto quedó en agua de borrajas, hará un mes, Koki retomó la idea. Revisé y corregí el guión para él y, según tengo entendido, ya ha sido rodado. Espero que todo vaya sobre ruedas y poder ver esa historia en una pantalla.

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Esta imagen significa para mí mucho más de lo que puedas imaginarte.

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