Escribir un libro pulp (2): Corrigiendo textos

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Son las cuatro de la mañana y eso se nota en la foto que ilustra este post. Son las cuatro de la mañana y aquí estoy, corrigiendo.

Uno de los momentos menos agradecidos de la escritura es éste. Un paso que, de poder, todos los que escribimos, cuando conseguimos terminar un escrito, nos gustaría saltarnos.

¿Quién no ha deseado sentar que de una sentada le salieran dos, tres, cinco páginas perfectas, líneas de platino, verdaderas párrafos memorables para la historia de la literatura…? Pero todo buen trabajo requiere de un esfuerzo. Nada es tan fácil.

Soy de los que piensan que al escribir, al partir de cero, uno debe trabajar con soltura y teclear sin miedo. Sin pensar demasiado las frases, ni el sentido. Entrar en trance y dejar que la parte subconsciente del cerebro mueva los dedos. En esta fase, procuro no atrancarme al escribir una frase. La escribo y ya.

Es en el odioso momento de la corrección cuando se saca la tijera y se te revuelve el estómago al limpiarte un párrafo o un personaje o un final que te encantaba, sólo porque no encaja.

Es aquí cuando se decide si lo escrito vale o no, cuando se saborean las palabras, cuando se lee en voz alta para ver si el ritmo y la música es la adecuada, cuando se ponen a prueba los efectos o las emociones buscadas, cuando te topas con rimas internas que no deberían estar ahí, cuando se cazan erratas o se pescan palabras que no tienen el sentido que uno creía que tenían y que no, de ningún modo, no entran ni con calzador.

Ahora que me aproximo al final de la corrección de este libro de relatos, he descubierto que uno de los relatos que quería incluir, no “encaja”. Como tengo más o menos clara la extensión que quiero que tenga el libro, he tenido que recurrir a otra vieja historia y reescribirla para que esté en comunión con el resto.

Ahora sí, creo que tengo mi selección definitiva.
Estos son los relatos que formarán parte de este libro:

Auge y caída de Ronnie Runner: Una historia de soledades en torno al mundo del rock and roll, de vidas mal encaminadas, que termina con uno de los finales más ocurrentes que creo que le he dado nunca a ninguna historia.

Por un pecado de Dolores: Un western de nuestros días. Una historia de venganza, con un peculiar antagonista y un duelo absurdo a vida o muerte.

Licor de flores: Un experimento narrativo, debido a que la voz narradora es la de una joven asiática. Una siniestra historia de opresión y de moderna esclavitud laboral, que encierra más de lo que parece a simple vista.

Siempre nos quedará Hiroshima: La tercera de mi trilogía de relatos apocalípticos, junto a “Ingrid o el camino a ninguna parte” y “Pompeyanos”. Una historia sobre lo que ocurre una vez caen los contratos sociales y morales.

Puta suerte: La primera historia que proyecté de todo el libro. La historia original tiene ya bastantes años. Digamos que en ella se narra cómo un golpe de suerte puede cambiar la vida hasta de quien menos se lo espera.

En fin, que son ya las cuatro de la mañana y se me nota en la cara que tengo en este post. Creo que me merezco un sueño. Seguiremos informando.

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