Narrar en tiempos de crisis

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En realidad, poco o nada tiene que ver la imagen que encabeza este post con la intención del mismo. Simplemente es que me gustan las máquinas de escribir. A día de hoy, las considero un objeto de culto. Es por eso que, cuando no sé cómo encabezar un escrito googleo “algo” junto a “máquina de escribir” y selecciono lo que más me motive.

Poco antes de venir a Chile tuve la oportunidad de charlar con un señor de edad avanzada y de dedos manchados de tinta, cuyo trabajo era arreglar máquinas de escribir. Un trabajo anacrónico el suyo, en plena era de las redes sociales y las telecomunicaciones (qué palabra más fea, carajo, “telecomunicaciones”, a ver cuando sale alguna otra que la suplante). El caso es que este señor aún tenía algo de trabajo en notarías y escasos lugares como éste, donde aún sobrevive la escritura en rodillo. No charlamos sobre nada trascendental. Los carretes con doble color (rojo y negro) la tendencia de ciertas letras a perderse (las “ñ”, sobre todo, tenían esta particularidad).

Su oficio muy probablemente morirá con él. No es algo triste. Es lo que tiene que pasar. Por ello, charlar de teclas que se pierden, de clases de mecanografía, de olor a metal y a tinta con este señor es como despedirse de un libro viejo de la EGB.

Me devuelven a momentos del pasado en que las cosas eran más sencillas y tenían un verdadero sabor, un verdadero olor. Las ideas son madejas de hilo que se trenzan sin motivo y este señor y sus dedos manchados y la vieja Olivetti a la que estaba practicando cirugía me recuerda a mi infancia, al tecleo de mi padre amartillando al otro lado de la puerta nuestra Olivetti color aceituna, a solas, en un cuarto pequeño de nuestro apartamento.

Y me estoy yendo por los cerros… La verdadera intención de este post es reseñar una reseña: La que el Colectivo Iletrados ha tenido a bien de hacernos a cuatro narradores, juntaletras o lo que seamos, que por medio de nuestras palabras en blogs, libros y otros formatos abordamos temas como la precariedad laboral o la emigración, en tiempos de crisis.

Cada uno con su particular perspectiva. A destacar el libro “Yo, precario” de Javier López Menacho, con el que estoy deseando hacerme en cuanto vuelva a España.

Maldita España. Te lloro por un ojo, mientras te escupo por los dedos.

Os dejo el enlace:

http://colectivoiletrados.blogspot.com/2013/04/narrar-la-crisis.html

Postdata: Al listado, añado yo de manera personal un libro con el que estoy deseando hacerme tan pronto regrese para España.
El libro en cuestión es 2020 del también escritor murciano Javier Moreno, de quien me declaré incondicional tras leer su obra “Click”. Su última novela parece ahondar de manera distópica en la realidad socioeconómica de nuestro querido país de corruptos a siete años vista. Sin duda, que no tendrá desperdicio…

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