…Y lo dejaron hecho un cristo



Se acaba agosto y no he escrito una puñet*** línea para el blog. Lo achacaría a las vacaciones, pero lo cierto es que el término “vacaciones” desapareció hace un año de mi vocabulario.
Ahora siempre es tiempo “para todo”.
El caso es que he tenido veranos más relajados (en los que me tocaba más el sobaco, quiero decir). Es lo que tiene la incertidumbre, que te mantiene alerta.
Estoy ocupado, preparando unas cosillas que ya contaré por aquí, según nos adentremos en septiembre.

Este año, no se me ha visto mucho el pelo en la playa. Luzco una palidez veraniega, extraña incluso, considerando mi color de piel de fábrica.
La única manera que conozco de sobrellevar esto pasa por constantes duchas de agua fría y café con hielo. Entiendo la relación entre calor y velocidad de procesos.

Un verano bañado por un océano de noticias agoreras, como pedazos de barco flotando sobre el mar. Suerte que, de vez en cuando, la marea deja en la orilla cosas bien distintas:

A estas alturas, todos conocemos ya el caso de Cecilia, la mujer de Borja que decidió restaurar por su cuenta y riesgo un Ecce Homo situado en el santuario de Nuestra Señora de la Misericordia de Borja.

Se han vertido millones y millones de píxeles ya en comentar esto y lo otro acerca de su labor de restauración, sus buenas intenciones y su posterior ansiedad tras la repercusión que ha tenido la noticia.

No voy a añadir nada nuevo al respecto. Lo siento por Cecilia y creo que debería haberse tomado todo esto con más humor, como todos aquellos que hacen de “accidentes” como éste un trending topic en Twitter.

Supongo que las mayores presiones le habrán llegado por parte del ayuntamiento y del obispado.
Al resto, como no nos han enseñado a valorar realmente el arte durante nuestra educación, pues hacemos lo típico: hacer arte del cachondeo. Lo digo sin acritud. Es así.

O si no, mirad:

Una constatación más de que somos únicos en reírnos de nuestras propias desgracias.
Pero, no sólo eso… Mientras escribo esto, casi 21.000 personas han firmado para que se mantenga la restauración de Cecilia y no se trate de reobtener el dibujo original.

Cecilia no lo hizo adrede, pero sin vérselas ni deseárselas se ha convertido en una artista referente de la desacralización de lo litúrgico, como los Cristos de Dalí o como los directos de las Pussy Riot.

Si el melodrama aún no alcanza niveles delirantes, aparece en escena el Ayuntamiento de Borja y lanza al aire su intención de registrar la marca “Ecce Homo”. Según dicen ellos, “para evitar un uso indecoroso, indebido o grotesco”.

Según creo yo, para explotar el filón de una pintura a la que antes no iría a verla ni cristo y que ahora puede que hasta funde una orden propia, capaz de hacerle sombra hasta al mismísimo Monstruo de Espagueti Volador.

Esta vez, no pienso opinar al respecto.
Sólo me quedaré aquí, en esta esquina, esperando a ver qué viene después.
Mordíendome el dedo pulgar, con esa tensión tan propia de quien pilla in fraganti a una señora octogenaria restaurando un fresco…

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