Aupa eta agur! [Misión: poetizar en Bilbao]



Doce horas de viaje en autobús para terminar en un Bilbao extrañamente caluroso.
La naturaleza es sabia y, ya que los del sur somos peces de aguas calientes, debió pensar que lo apropiado sería recibirnos con algo de bochorno veraniego que sirviera para aclimatarnos.

Nos esperaba a la llegada Katy Parra y Toñi, además de Mónika Nude, que estaba al caer. Pero nosotros sólo pensábamos en enjuagárnos la desidia y desperezar los miembros dormidos bajo una ducha helada. Tomamos el metro a Sope.

Irati, nuestra anfitriona, se retrasaba. De manera que optamos por refrescarnos la garganta. Paramos en el primer bar que se nos puso a tiro y pedimos unas kañas. ¿Yo qué sabía que una caña poco tiene que ver con una kaña?
Es decir, alrededor de medio litro de helada cerveza tostada.
Para cuando llegó Irati ya teníamos los ojos vidriosos y decíamos tonterías. A mí se me había perdido una chapa, en algún transcurso. La del Colectivo Iletrados. Soy un puto desastre. Siempre pierdo cosas como éstas y trato de quitarles importancia para no pasarme todo el día lamentándome.

La buhardilla de Irati resultó ser un lugar acogedor para dormir y las vistas, directamente, me dieron ganas de irme a vivir allí:

Una de las tías de Irati dijo nosequé sobre una “galerna”. Y yo, sureño ignorante, salgo tranquílamente a la calle en chanclas, pantalón corto y camiseta. Cuando, en un instante, el cielo se oscurece. Una ráfaga de viento, como un equipo de rugby, se lanza contra nosotros, arrastrando tierra y polvo. Aquella brisa nos dejó prácticamente ciegos. Pudimos llegar hasta un pequeño pabellón donde se jugaba un partido de pelota vasca o esku pilota. Un deporte curioso, cuando no lo has visto jugar nunca. Una vez te indican las reglas y calibras la coordinación y el esfuerzo necesario compruebas que es algo más jodido que el frontón al uso. Mi compañera no dejaba de repetir que le gustaría ver jugar a mujeres. Yo pensé lo mismo. Nunca me atrajo el tenis femenino, pero esto… Lo que es seguro es que debe ser una buena terapia anti-estrés.

De repente, sonó como si alguien hubiera puesto en funcionamiento las duchas. Nada de eso. Resultó que la galerna traía consigo un regalito. Toma diluvio veraniego. Y yo en chanclas. Y pantalón corto.

Al día siguiente, teníamos intención de ir a una playa cercana. A tomar el sol y tal. Pero…

Al menos, escapábamos a la ola de calor que veraneaba en Murcia. Escuché algo sobre cuarenta y muchos grados en los termómetros de la capital panocha. Me imaginaba la escena: Calles desiertas, chicharras, insomnio, el asfalto hirviente refractándose en el horizonte, personas ocultas en sus ataudes con aire acondicionado, hasta la noche, cual vampiros…
Pensando en cosas áridas de este estilo, metimos los pies en el mar Cantábrico:

No estaba tan fría, después de todo. Aquí, según mi partenaire, cuando hace bueno, está lleno de hippies haciendo nudismo. Eso dice ella. No era el caso. Allí sólo estábamos ella, yo, y dos chicas y un chico haciendo espeleología amateur al aire libre.

Nos vamos. Y de camino a Sope, intento camelarme a un burro silvestre (hembra) para ver si la convencemos de que nos lleve de vuelta. Pasa de mí y eso que le hago ver que tenemos intereses en común:

Para cuando volvemos, Sopelana ya está en plenas fiestas populares.

No existen imágenes del resto de la noche.

A la mañana siguiente, debíamos estar para las doce en la calle Egaña de Bilbao, junto al busto de Blas de Otero, para un homenaje que se le realiza todos los años.
Llegamos casi a las una. El busto del bueno de Blas, tan fieramente pétreo, tan fieramente humano, parecía el de un tipo que va a pedir perdón a su mujer, al estilo de las teleseries de los noventa: cargado de flores.

En fin, ¿excusas?… Las frecuencias del metro y la noche anterior, que nos pasó factura.
Suerte que el grupo de poetas con el que habíamos quedado no andaba demasiado lejos.
Como en un bar, a cincuenta metros.

La cosa empezó ahí. Con Katy, Juan Campoy, Ritxi Poo, J.R. Barat, Inma Pelegrín, Mónika Nude…

…y siguió en el restaurante, con Guillermo de Jorge, Julián Borao y unos cuantos más del gremio.

Como este tipo de historias se suelen ir calentando paralelamente a la cantidad de alcohol ingerido, Juan Ramón proponía ya talleres de poesía guarros, usando palabras del estilo de “coño” o “clítoris” al comienzo de algún verso, para espabilar a la audiencia de aquella noche, si los veíamos bostezar. Tomamos el postre y nos separamos en ese punto. No por lo del taller, ya he escrito anteriormente poemas con “coño” o “clítoris”. Teníamos que volver a Sope.

¿Has probado a coger el metro chispado de vino? Pues no te lo aconsejo. Pese a tirar de ducha fría, costaba quitarse la cogorza. Más tarde, otro metro y, a la hora señalada (esta vez sí) estábamos en la puerta del hotel Ercilla. Un sitio demasiado lujoso para la poesía. Para la poesía de verdad, para la buena, quiero decir. El caso es que allí estábamos.

Nos creímos muy listos dejando un cartel improvisado “reservando” unas butacas, para salir y buscar un lugar más barato donde tomar unas cervezas. Cuando regresamos, unas señoras del público habían retirado los carteles y ocupado los asientos. Disimularon muy bien cuando me acerqué a coger mis poemas. Además, la prensa había estado allí y, cómo no, estaban todos, menos el grupo murciano que andaba haciendo el bandarra por las calles de Bilbo o vete tú a saber qué.

Decir del recital que resultó una sorpresa grata descubrir la voz y el talento de varios de los presentes. Me sorprendieron Mónika y Ritxi. Nos conmovió Barat. Guillermo de Jorge nos puso en pie de guerra y Arantxa Oteo nos hizo mirarnos de la piel para adentro. Había un pianista que acompañaba a los recitadores y se adaptaba, con bastante destreza, al carácter que cada poeta imprimía a sus textos. Sólo un apunte para los gerentes del hotel, para la próxima vez: NO es buena idea tener una fiesta de fin de curso/despedida de soltero en la sala contigua a un recital… Sólo diré eso.

Al final del evento, que duraría unas cuatro horas, pero que pasó en un redoble de conciencia, todo eran felicitaciones y abrazos. Una vez que un poeta ha dicho lo que venía a decir, se relaja y vuelve a comportarse como alguien normal.

Sería la una de la madrugada cuando quisimos coger el metro y nos topamos con que la estación más próxima estaba cerrada. Con los poemas en la garganta, corrimos calle Indautxu abajo buscando otra entrada y… también estaba cerrada. Una pareja que pasaba por allí nos indicó que había una abierta a diez metros escasos.

Así, volvimos a una Sope, que bullía de gente de bar en bar y de txosna en txosna. Nosotros decidimos replegar y volver a la buhardilla.

Teníamos por delante una comida popular y un fin de fiesta con chaparrón incluído…


Actualización (21/09/2012)
Esa poetry star de voz poderosa, que es Katy Parra, me ha hecho llegar este vídeo del encuentro de los poetas que se unieron fraternalmente, junto a uno de los puentes más emblemáticos de Bilbao, justo antes de la hora de comer. Se huele la ternera asada y el verso libre en el aire:

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