Cocinar a un ministro


(A Javier Krahe)

Ésta es una receta de alta cocina.

Lo primero de todo, retire la piel y todos aquellos órganos destinados a albergar emociones (corazón, vísceras…) y envuelva al ministro, en su lugar, en un traje de dos mil euros.
Condimente con gran cantidad de romero u otras hierbas aromáticas, que rebajen el olor a naftalina.

Extiéndalo con cuidado sobre un sillón ministerial y añada una cartera, a modo de adorno.

No extraiga la lengua, la necesitará más tarde para contradecirse.

Edulcore las mentiras de precampaña con almíbar en abundancia, besos a los niños y promesas de futuro.

A continuación, unte al ministro en cuestión con abundantes billetes grandes. Esto es para que se ablande y coja una mejor textura, de cara a asuntos extraoficiales.

Recubra su cuerpo con una salsa amarga de impunidad y rehóguelo todo a fuego lento, junto a unas rodajas de ideas trasnochadas, un buen chorro de ansia de poder y una pizca de cinismo.

Remúevalo todo.

Introduzca al ministro en un horno durante cuatro años y deje que su piel se dore con sesiones de solarium.

¡Lo verá salir de allí mucho más rico que nunca!

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