Vienen a por ti



Escribo estas líneas antes de que sea demasiado tarde. No sé cuánto tiempo pasará antes de que entren en nuestras casas amparados por la Ley Corcuera y nos detengan como presos políticos a todos los escritores, articulistas, poetas o bloggers contrarios a la ideología del régimen.

El cerco se estrecha: Papá Estado se ha quitado la máscara y nos señala a todos como hijos bastardos. Los estudiantes figuran ahora como enemigos públicos de la policía. Las iniciativas populares (15M y demás) son tachadas de terrorismo. Si la esclavitud fue abolida en algún momento, la nueva reforma laboral la vuelve a poner de moda. La ambigüedad en la redacción de las leyes será tal que convocar manifestaciones constituirá un delito de organización criminal e incurrir en resistencia pasiva estará penado con la cárcel…

Sólo dos razas prevalecerán: la de los corruptos y la de los idiotas. O juegas al Monopoly con sus reglas o dedícate a ser un ratón que haga girar la rueda dentro de la jaula. El Estado esperará que pierdas el tiempo en asuntos banales, en irte de compras, en buscar un trabajo precario, en endeudarte, en drogarte con la amplia oferta de canales de televisión. El Estado moldeará tu forma de pensar. Hará que ames al opresor y odies al oprimido. Hará que eches la culpa de todo al inmigrante o al que es diferente. Hará, incluso, que te baste con culpabilizar a todos y a cada uno, mientras la ceguera te impide ver la viga de tu ojo. Hará que te desfogues gritando el nombre de tu equipo de fútbol, defendiendo tu bandera, tus corridas de toros, tu vino de la tierra, tu coche nuevo, tu Feria de abril, tu Fórmula 1, y que cuando termines de hacer todo eso, reces un Padrenuestro y un Ave María, para expiar tus culpas, antes de irte a la cama.

Para los que reincidan en su pensamiento crítico o en la denuncia abierta tienen preparado un stock de gases lacrimógenos y pelotas de goma. Para quienes se interpongan en la ejecución de un desahucio ya tienen celdas preparadas. Para quienes se sienten en una plaza con las manos mirando al cielo y gritando “Éstas son nuestras armas”, también.

No pretendo inocular miedo. Eso es lo que hacen ellos, con total descaro, a través de los medios. Pretendo, como decía al principio, denunciar todo esto antes de que sea demasiado tarde y ya no nos dejen hablar, escribir o pensar con libertad. Porque nos han desunido, nos han segregado por colores, ideologías, géneros, clases… mientras nos arrastraban poco a poco al abismo.
Y nuestros pies ya casi rozan el vacío.

Que cada uno haga acopio de sus armas porque la guerra ya ha sido declarada. Las palabras serán las mías. Que no esperen un desarme.

Oigo ruidos abajo. La “justicia” está llamando a mi puerta.

Oh, mierda… Creo que ya están aquí.

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