Palabras más, palabras menos



Hace tan solo una semana, tuve la oportunidad de asistir a unas clases de escritura impartidas por Juan Madrid, autor de novelas como “Días contados” o “Adiós, princesa”.
Dejando a un lado los detalles teórico-prácticos, he de admitir que saqué más jugo a sus clases del que cabía esperar.

“La novela es una de las armas que usó la burguesía para atacar y desmejorar la imagen del Antiguo Régimen (Monarquía-Iglesia)”, “El Quijote es una crítica social feroz puesta en boca de un loco para esquivar la censura” o “Si no se fomenta más la lectura es porque no interesa: los libros pueden contener ideas peligrosas para el sistema” son algunas de las perlas que dejó escapar.

Sobra decir que, después de algo así, uno sale de clase valorando aún más el oficio (algo de agradecer, en una época en la que dedicarse a escribir suena a utopía romántica, o a quehacer bohemio).

A lo que iba: Ha llovido desde que el pasado 14 de mayo organizáramos aquel I Maratón de Poesía social en el local de la asociación “La Azotea” (Murcia). Creo que nadie podía esperarse lo que llegaría a partir del siguiente día: Acampadas, asambleas, brutalidad policial, Paco Ibáñez cantando para los indignados en Barcelona, verdades dichas a golpe de megáfono, las máquinas del Estado haciendo rodar los engranajes, Hessel, Sampedro, Punset, Galeano, 15M, 19J, 15O, Occupy Wall Street…

Y sin embargo, los informativos siguen escupiendo el mismo cantar, día tras día. Los Mercados siguen siendo dioses sin rostro, que necesitan de sacrificios humanos para mermar su ira. Los políticos siguen siendo personajillos irrisorios, que profetizan tsunamis sociales y se autoproclaman gurús a los que seguir… a ciegas, hasta el borde del precipicio.

Las multinacionales siguen queriendo cambiar sensaciones humanas por marcas. Ya no se desprende sexualidad, sino Axe. Ya no se come en familia, sino en McDonalds. Y la auténtica revolución vendrá cuando te compres unos Levi’s. Créeme, cuando la clase de lengua de tu hijo la patrocine McGraw-Hill, desaparecerán conceptos como felicidad y ésta será sustituida por Coca-Cola. Ésta es la neolengua que vaticinaba Orwell.

Es por eso que sentí que era y es necesario. Es por eso que la poesía vuelve y ninguno tenemos la culpa. Es por eso que sentí no estar en mi tierra para asistir al I Encuentro de Poesía Combativa, organizado por ese poetazo que es Joaquín Piqueras.

Es por eso que lamentaré no estar en mi tierra para asistir al acto de “Reivindicar con palabras lo que queremos con hechos” que organiza Ana Lacárcel.

Es por eso. Porque la munición escondida en los libros siempre es el preludio. Y porque hace falta.

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