Ostias y hostias



Guau. Este país nunca dejará de sorprenderme.

Así que todo era mentira, ¿no? La democracia, la laicidad del estado, el derecho a la vivienda digna…

Para que no me pille demasiado desprevenido, ando a la espera del especial informativo que titule: Se sospecha que Franco sigue vivo. Según testimonios de unos manifestantes del 15M, al pasar junto a la última estatua ecuestre del ex-dictador, vieron cómo ésta se desprendía de la capa de pintura bronceada y agitaba el puño mientras gritaba con voz chillona y aguda: “¡Rojos, comunistas, iréis al paredón!”

Un momento… ¿Ex-dictador? ¿Quién dijo eso?
Desde luego, la Real Academia de la Historia, no.
¿Así se escribe la Historia? Perdonen que dude, señores, pero eso no fue lo que me enseñaron en el instituto… ¿Qué debería hacer ahora? ¿Reprogramar mis recuerdos, al estilo de la novela de George Orwell? ¿Doblepensar y todo ese rollo? Demasiado fuerte. Demasiado perturbador.

A día de hoy, un líder espiritual, toda una eminencia en filosofía teológica, un experto pianista, políglota, doctor honoris causa en varias universidades, alguien que pertenecío a las Juventudes hitlerianas porque le obligaron, el cardenal que encubrió los abusos a doscientos menores por parte de un sacerdote estadounidense, alguien que se ha declarado abiertamente receloso del diálogo entre religiones, en contra del matrimonio o la ordenación a sacerdotes de personas homosexuales, o que dijo del Islam, durante una conferencia, que se trataba de una religión “violenta y malvada”… Es más, el hombre que sostiene que el uso de los preservativos en África sólo puede agravar el problema del sida, pero que en un libro titulado “La luz del mundo” excusaba dicho uso para el caso de la prostitución…[¿¡!?]

[Tomo aire y sigo]

… Dicha persona acude a nuestro país a organizar un macrofestival para jóvenes que quieran ser redimidos de sus pecados. Se instalan cientos de confesionarios en un lugar de tránsito para lumis.
Mientras, días atrás, tras el escenario idílico del apoteósico encuentro católico-apostólico-romano se apalea a la otra juventud, a la que no se arrepiente de nada.

¿Alguien entiende algo?

Ese mismo alguien (de ser algo quisquilloso) podría pensar que quien suscribe esto pretende frivolizar sobre algo tan honorable como la fe, o Dios, o como se quiera llamar a aquello en lo que las personas depositan sus esperanzas. Nada más lejos de la realidad. Sólo que yo, como muchos de aquellos jóvenes agredidos, opino que en medio de este charco fanganoso en el que nos encontramos no procede todo este majestuoso despliegue de medios para recibir a un hombre tan moralmente débil como cualquiera.

¿Os suena la expresión “no estar para hostias”?

Pues se ve que sí, amigos, sí que estamos para (h)ostias.

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