El juego



Tal vez tú no sepas de qué va El juego. Tal vez sí. En éste, siempre gana la banca.

Naces siendo un jugador, aunque eso lo descubrirás más tarde. El resto de jugadores ya se encargarán, a lo largo de tu vida, de hacerte hueco en la partida. Aunque, no deberías tomar esto por un gesto decoroso. Ellos saben que, cuantos más primos se sienten a la mesa, más habrá para repartir entre los jugadores expertos.

Una de las leyes del póker advierte que si no eres capaz de localizar al pardillo que hay sentado en la mesa de juego, es porque ése eres tú.

Has de saber que, cuando te veas desplumado, atribuirán su victoria a la suerte, o a un detalle filogenético, puede que te digan que ellos pertenecen a una raza superior y te suelten todo ese rollo de Darwin y la evolución. Nunca advertirás las trampas y artificios que hay bajo la mesa.

Se reparten las cartas desde el colegio: Tú serás preparado para El juego. No para que aprendas sobre el mundo y sobre tu entorno. No para que entiendas al que es diferente a ti. No para hacerte fuerte frente a las adversidades. No para que aprecies tu vida como una experiencia única e irrepetible. No.

Por medio de El juego, cuanto más alto escales en tu carrera educativa, más bajo caerás en el mundo de los negocios. Es una máxima no escrita.

El juego tiene unas normas, y estas normas se valen de la Ley. La Ley es la norma común, dictada por crupieres de paso, a los que algunos viejos tahúres tienen en nómina, para que El juego les sea propicio.

La suerte es un dios caído al que se reza mientras se soplan los dados, una quimera. Los jugadores creen que pueden ganar. De hecho, alguno consigue ganar algo, lo que sirve al resto de motivación. Pero en realidad, los jugadores no tienen más voluntad, ni poder de decisión que el de unas moscas atraidas por la miel.

El juego puede hacer que la literatura burocrática te salga por las orejas. El juego puede hacerte perder la salud mental y física. El juego puede dejarte en bancarrota, o llevarte a pasar unos turnos sin tirar en la prisión. Así de cruel es el juego.

Y cuando algún crupier trasnochado o algún jugador de primera sale por los medios diciendo que no hay alternativa a El juego, que todos hemos de jugar hasta el final de la partida, miente. Miente como el experto jugador que es.

Pero es que esas son las reglas del juego.

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