Nostalgia del lodo



Espero que no acabéis de desayunar.

Hace poco, supe por un artículo que el moho del cieno (una especie de moho que crece sobre el lodo) posee una característica un tanto peculiar: Mientras dispone de alimento a mano, sus partículas devoran lo que encuentran a su paso. Pero cuando el alimento se agota… sus partículas, que hasta entonces habían actuado como miles de individuos, se agrupan y comienzan a actuar como un único ser que se “mueve” en pos de la supervivencia.

Esto es así. Incluso han situado un pegote de moho del cieno frente a un laberinto con cuatro caminos posibles y éste… ¡logra dar con el camino más corto hasta la comida!
Esto se da bastante en la naturaleza: es lo que se llama un sistema emergente. La naturaleza es así de sabia y cojonuda.

El pasado domingo, el cieno volvió a reagruparse. Preocupadas por su supervivencia las partículas se reúnen, se miran a la cara y se preguntan: Bueno, y ahora, ¿qué?
Tú probablemente estabas allí, compartiendo moho con el resto. Quizás no. Quizás estabas sentado en el banco de un parque, mientras el resto de partículas te gritaban: ¡No nos mires, únete! Y quizás, tú, como una partícula de moho de cieno más pensabas que sí, que sentías el hambre en tus tripas, aunque todavía no lo suficiente, todavía no…

Según dictan las leyes de la física, todo objeto en movimiento ha de enfrentarse a varias fuerzas de resistencia, ya que si no rodaría eternamente. De este modo, un gran pegote de moho del lodo se arrastra hambriento por la ciudad, pero las cámaras de los medios de comunicación prefieren no sacarle fotos. Es un pegote de moho muy feo, horrendo. Y nadie quiere verle la cara. No, al menos, los mandamases a una semana de su gran fiesta privada.

A ellos no creo que les pille por sorpresa que el moho se mueva. Tal vez les indigne que, después de todos los carriles bici, macrofestivales, macrourbanizaciones y macroparques de atracciones, el moho aún se rebele. Después de todos los esfuerzos, después del Agua para todos, después…

Pero es que el moho ya no escucha. El moho ya sólo oye los rugidos de su propio estómago.

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3 comentarios en “Nostalgia del lodo

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