Contracciones



Hoy, en la cola del paro, había un hombre inconsciente, acostado sobre una hilera de bancos. Rondaría los cincuenta. Con pelo largo y barba canosa. Como digo, estaba inconsciente. Espero. Alguien le había colocado los pies en alto y en esa postura se mantenía, inmóvil. La gente pasaba por su lado. Le echaban un vistazo. Miraban el reloj. Daban golpecitos rítmicos con la suela del zapato. Resoplaban de impaciencia. Mañana es fiesta, y ellos allí, haciendo cola en el paro, con ese ambiente cargado, con ese olor a sudor y… ¿quién es ese tipo?

Salgo de la oficina y me topo de bruces con una frase escrita con spray verde sobre un muro de ladrillo: “Soñar mientras estás despierto es una contracción”. Supongo que, quien haya sido, habrá querido escribir “contradicción”. ¿O estaré equivocado? ¿Será soñar algo parecido a una contracción? ¿Será que la vida nos saca a empujones de nuestra zona de seguridad? ¿Será que soñar, aunque resulte difícil, es el único modo de sacar afuera lo que llevamos dentro?

Necesito que me echen una mano.
Creo que he roto aguas.

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