Mi vida irreal: una dicotomía



Yo tengo dos vidas. Y no soy bipolar, ni géminis. Tengo dos vidas: una real y otra irreal. No soy el único que las tiene, no me siento especial por ello. Sólo cuento lo que observo:

Mi vida real comienza cada mañana al abrir los ojos, en el primer suspiro.
Mi vida irreal comienza en cada telediario, titular de prensa o noticia transmitida por ondas.

En mi vida real están mis padres, mi hermana y unos pocos más de los que me gusta rodearme.
En mi vida irreal hay socialistas y de derechas, conservadores y laboristas, republicanos y demócratas (la gran mayoría, deshonestos); dueños de grandes fortunas, religiosos con parafilias sexuales, banqueros sin ética ni vergüenza, asesinos con nómina y con escudos de la OTAN, y el pueblo: esa masa que, o bien es representada arrastrándose y pataleando o bien haciendo el idiota, sin mostrar un asomo de inteligencia.

En mi vida real el corazón le susurra a la gente profundas reflexiones e ideas que, de empujarlas colina abajo, podrían cambiar su vida.
En mi vida irreal, no. En ésta la gente es frívola y banal y adora las chorradas que dice la gente famosa, y las repiten a modo de mantra, aspirando a ser el mediocre standard que no da un paso fuera del redil, por miedo a ser señalado.

En mi vida real la gente se aprecia y se ama. Hay parejas que aún se besan y se meten mano en los parques, como si el tiempo no fuera con ellos. En ésta, una mirada puede provocar una sonrisa. Y una sonrisa, fuego en el bajo vientre. En mi vida real los problemas se resuelven hablando y se zanjan con un apretón de manos.
En mi vida irreal la gente se odia. Se odia al negro, al moro, al chino, al que piensa diferente o al que piensa demasiado. Se odia al que es igual que tú, pero le va mejor. El odio es el lubricante del que pretende sodomizar al resto, por miedo. Y sí, también se ama. Pero se ama el sex appeal de la fama fatua, la divina proporción de la superficialidad, se ama al plástico y a la silicona.

En mi vida real yo cargo con la responsabilidad de mis actos.
En mi vida irreal yo soporto el peso de todo el puto mundo.

Y es que cuando tienes dos vidas lo realmente complicado no es sobrellevar ambas por separado y no morir en el intento. Con lo que realmente has de tener cuidado es cuando una de ellas comienza a contagiar a la otra.

Recuerda: Una es real. La otra, irreal.
Y como pensaba Magritte: La imagen de una pipa no es una pipa.

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2 comentarios en “Mi vida irreal: una dicotomía

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