Descreyendo

Cuando era niño (allá por los años de la Guerra del Golfo) yo creía a pies juntillas que Sadam Hussein era la persona más malvada y demoníaca sobre la faz de la Tierra. No albergaba duda alguna respecto a esto.
Era así y punto.
Sadam = Satán (ya que, a esa corta edad resultaba fácil crear nexos entre la realidad social y la mitología cristiana, habilmente encauzada a través de las clases de religión y catequesis).

Había otra serie de creencias firmemente instaladas en mi identidad: Dios, ese eterno juez voyeur que me amaba por haber sido bautizado, ajusticiaría a su debido tiempo a todos aquellos seres malvados (sí, incluyendo a Sadam, por tirano y por islámico). Yo sólo debía confesar mis culpas al viejo párroco del pueblo (una estupenda persona, por otra parte), portarme bien con mis padres y seguir una pequeña lista de exigencias más y así tendría asegurada una plaza en el Resort de los Privilegiados.

Más creencias sin demasiado fundamento: Los bancos eran aquellos organismos que permitían la prosperidad de la sociedad y en el que papá y mamá guardaban su dinero para protegerlo de los ladrones. Eso lo aprendí en clase de Sociales. Y así en el colegio, antes de haber hecho la comunión, yo ya tenía abierta una cuenta de ahorro.

Había tantas cosas que yo creía a pies juntillas… De ese modo la vida resultaba de fácil comprensión para mí. La verdad no era relativa, era absoluta: la mía debía ser la de todos… O eso creía.

Con el tiempo y con mucha más perspectiva para volver la vista atrás, uno se percata de por qué creía lo que creía y por qué ha dejado de creer en según qué cosas.

Y es que… mira que me da rabia. Preferiría estar escribiendo sobre temas relacionados con la literatura, con mi pasión, con aquellas cosas que me hacen crecer como persona… Pero hoy no.
Me levanto, cojo el tren y oigo las mismas conversaciones (antes la gente que no sabía de qué hablar lo hacía sobre el tiempo, ahora lo hacen sobre crisis). Y yo me digo: Mierda, no quiero escuchar esto. Pero es irremediable. Es un virus. Una lacra. Y aunque hago un esfuerzo por no ver la televisión y empaparme lo menos posible de todas esas creencias que pretenden seguir instaurando en mi cabeza, no resulta tan fácil escapar de la realidad social.

Así que, yendo en contra de los principios con los que inauguré este blog, hoy se habla de eso: De sociedad, de suciedad, de la mierda que flota en tu cabeza y en la mía.

Bien, hagamos un breve repaso de la actualidad (coletilla informativa por excelencia), pero hagámoslo desde mi punto de vista. Mi verdad. La absoluta, claro:

Tensión entre las dos Coreas:
Corea del Norte (los coreanos malvados, los comunistas, vamos), informa de que su país “está en proceso de construir un reactor nuclear de agua ligera, con propósitos pacíficos, para afrontar las necesidades energéticas del país”. Corea del Sur (los coreanos buenos) cree que dicha información es una provocación. Hay que atacar cuanto antes. Menos mal que cuentan con el inestimable apoyo de los USA, auténticos representantes del juez divino en la Tierra (en efecto, aquel mismo Dios que se encargó de ajusticiar a Saddam-Satán).

El escándalo de Wikileaks:
Wikileaks, un sitio web que “publica informes y documentos filtrados, con contenido sensible en materia religiosa, corporativa o gubernamental, preservando el anonimato de sus fuentes” informa recientemente de que los USA (sí, topamos de nuevo con la iglesia) utilizó a sus embajadores para espiar a varios miembros de la ONU y de Naciones Unidas. Sí, espiar, sí, como James Bond. Al estilo de “sí, nos fiamos de este presidente, pero de este otro, ni hablar, por esto y por esto”.
USA responde a las filtraciones diciendo que estas son ilegales, además de poner en peligro a ciertas personalidades. También dicen que los responsables no quedarán impunes.
Wikileaks, por su parte, les saca la lengua y les enseña el dedo corazón, mientras les recuerda: “Oye, no somos nosotros quienes hemos violado los estatutos de la ONU, hipócritas”.

Los bancos y el Armaggeddon:
Por un lado tenemos a mi tocayo, Eric Cantoná, el famoso futbolista francés que, quizá sin pretenderlo parece haber iniciado una estrategia de ataque al capitalismo. En este vídeo, Cantoná invita a participar de una revolución no sangrienta que, en su opinión, dañará al actual sistema capitalista y dejará entrever la gran impostura que en realidad es la política de inyecciones de dinero para salvar a los bancos.

Otros que también quieren hacerle pupa a los bancos, o mejor dicho a los banqueros son Joseph Stiglitz y George Akelo, dos premios Nobel de Economía, que pretenden que los grandes banqueros den con los huesos en la cárcel y que, literalmente, dicen esto: “¿Vamos a confiar en quienes nos metieron en esta situación para sacarnos de ella?”

Hasta aquí el parte de hoy.

Y recuerda: de lo que veas créete la mitad, de lo que no veas…

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Un comentario en “Descreyendo

  1. Sólo debes repetirte una y otra vez, “esa no es mi realidad”, enfócate sólo en lo que te interesa, escribir y céntrate en los 11 pasos para que la magia ocurra en tu vida ¿qué once pasos?. La clave la tiene José Luís Parise. Si creías que todo era mentira, lee lo que ha escrito este hombre, su trabajo es impresionante … feliz fin de semana.

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