Ejercicios de calentamiento

Llevo un tiempo intentando descubrir cuál es el perfecto caldo de cultivo para la creación de historias.  De momento, he obtenido unas conclusiones que (para mí) tienen un interés significativo:

  • La película de tu mente: John Gardner (el profesor de escritura creativa de escritores como Carver) lo llamaba “sueño de la ficción”. Es curioso como todo puede dar comienzo como un punto de partida concreto, una idea plana y sencilla, en la que podemos ahondar, sobre la que podemos dar vueltas y descubrir que posee raíces y ramas (procede de algo anterior y más profundo y puede tener implicaciones más allá de lo que nos muestra en principio). Lograr un sueño consistente y con sentido en el que zambullirnos procurará que otros se sientan inmersos en la historia, aunque a priori sepan que se trata de una ficción. El objetivo es hacer sentir que el engaño está tan finamente hilado que te atrapa. Según se cuenta, Flaubert llegó a procurarse un par de indigestiones mientras escribía una escena de envenenamiento en la que él se había involucrado tanto como los propios personajes.
  • La lectura como cimiento:  Leer antes de atrevernos con el folio en blanco nos proporciona soltura en los dedos. La historia ya está en nuestra cabeza, lo único que hemos de hacer es buscar el modo de traerla al plano físico y, para ello, puede resultarnos de gran ayuda ver cómo otros autores que sean de nuestro agrado realizan esta proeza (distanciándonos lo suficiente de nuestras lecturas como para no llevar a cabo un plagio en toda regla). Pero yo diría lee lo que a ti te gustaría escribir y escribe lo que a ti te gustaría leer.
  • La música como banda sonora:  Nuestros dedos no proporcionarán el mismo tono a una historia si ponemos a Beethoven de música de fondo, mientras escribimos, que si ponemos a Extremoduro. Pero resulta de lo más útil que nuestras palabras fluyan al compás de una melodía mientras creamos nuestro mundo ficticio. Sólo es necesario recapacitar sobre el tono o impresión que queremos plasmar en nuestra composición literaria. ¿Será un clima de rutina y hastío, sera un infierno, será una situación idílica, o triste, o tensa, o sombría y lúgubre…? Hay música para todo ello. Acompáñate a un volúmen adecuado y podrás ver como todo fluye sin mucho esfuerzo. Yo tengo mis propios opciones para ello: Música sinfónica para describir situaciones de caos o de mucha acción, jazz para situaciones de gentío o de mucho ruido, blues para situaciones desidiosas, reggae para incluir algo de humor, rock para dar cierta agilidad a las conversaciones…
  • Escribir por norma: No es pretender llevar a cabo algo por hobby, es vivir a través de ello, usar la escritura como un filtro a través del cual crear tu propia visión de la realidad. Es poner en boca de los personajes tus propios pensamientos, fingir imposturas como en la vida real, experimentar con las letras para darles sonido, para que causen sentimientos, para que tengan olor, tacto y un aspecto propio. La práctica te lleva a mejorar, como con cualquier cosa que hagas.
  • Emplea el pensamiento lateral: Como en la vida misma, para cada problema no existe una única solución. Huye de lo típico, de lo que se espera en cada momento. Recurre al ingenio y crea soluciones para tus propios conflictos que escapen a lo que cabría esperar de los personajes. Los temas sobre los que hablar son universales y en ese terreno puede que esté todo inventado. Lo que hará original una historia es el modo en que ésta se cuenta.
  • Aceptar el tijeretazo: Por supuesto, mientras uno escribe considera que todo lo que está saliendo afuera en ese momento es oro en paño. Pero la concisión y la precisión son armas valiosas para el resultado final de la escritura. Mientras escribimos tenemos cientos de ideas que se dirigen en multitud de direcciones. Como no podemos quedarnos con todo el cargamento hemos de decidirnos entre las opciones que salgan a nuestro paso. Pero, es más, una vez concluída una jornada de escritura posiblemente habremos dejado pasar más de lo que deberíamos. Es útil saber despedirse de aquello que sobra por reiterativo, aburrido o por carecer de importancia para lo que pretendemos contar. En la sencillez está la perfección. Un texto sencillo a la vez que rotundo es doblemente efectivo.
  • Vive, experimenta, renueva tus conocimientos: Aportar riqueza a nuestros textos será más fácil cuando aportemos riqueza a nuestra propia experiencia vital. Sal a la calle, experimenta situaciones diferentes, exprime lo que te dicen los sentidos y escríbelo, aunque sea como idea suelta (que más tarde tal vez puedas aplicar). Viaja, visita exposiciones , ve al teatro y descubre otras formas de expresar las ideas, otros modos de vivir o de relacionarse entre personas. Son limitadas las realidades que podremos plasmar si nunca abandonamos el cuarto donde escribimos o si seguimos una rutina diaria de la que nunca salimos.

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