Ave, Facebook, morituri te salutant


No sé si es acertada la comparación o no, pero para mí que la modernísima sociedad de principios del siglo XXI cada vez se parece más a la del Imperio Romano.
Es más, el -cada vez más pronunciado- recelo de los ciudadanos hacia el fallido sistema capitalista (que tan evidentemente se nos ha mostrado a través de crisis, recesiones, burbujas, subprimes, etc.), junto a la desconfianza, cada vez mayor, que el populacho siente hacia sus líderes políticos, utilicen estos la derecha o la izquierda para sostener el palo de golf, parecen señalar en esa misma dirección: hacia la decadencia.

En aquella época había ricos señores que se pasaban el día tocándose las uvas, también había esclavos, igual que ahora (aunque los esclavos actuales pertenezcan al banco, no a un patricio). Tenemos pan y tenemos circo. Y es del circo, precisamente, sobre lo que me apetecía escribir.

Con la proliferación de las redes sociales, mucha gente se percataría del potencial decisorio del conjunto de los internautas. La masa manda y es fácil reclutar gente en pro de una idea.
En realidad, este fenónemo tan democrático debió nacer con Internet y es estupendo que sea así, porque ha permitido a la gente de a pie interactuar con artistas, organizaciones… y hasta tocarle las narices a la ministra de Cultura. Es como decir: Estamos aquí y ya no podéis seguir ignorándonos, si no nos hacéis caso, ateneos a las consecuencias. Y es entonces cuando los alcaldes y ministros se hacen un blog o un twitter para que la gente vea que son ti@s guays, además de grandes dirigentes.

Y la naturaleza se adapta a las circunstancias y todo sigue su curso.

Pero, ¿qué hay de los linchamientos públicos?

Hoy, el escritor Sánchez Dragó salta a la palestra por esta noticia. Inmediatamente, la reacción no se hace esperar en las redes sociales y Facebook (por poner un ejemplo) se plaga de mensajes sanguinarios de tus amigos poniendo a parir al bueno de Fernando y pidiendo su dimisión en Telemadrid, su cabeza, el rabo y sus orejas de soplillo.

¡Ojo! No estoy excusando al escritor. A mí, particularmente, Sánchez Dragó siempre me ha parecido un gilipollas con sensibilidad al que se le da bien ser intelectual en la España de hoy (Ay, Fernando, los lectores perdonaron que dijeras que los libros te los escribía otro, pero la modernísima España del siglo XXI no perdonará esto… eso sí, te hará vender más libros).

Pero hay un par de aspectos de todo esto que no me gustan.
Primero, la presunción de inocencia: Tras leer la noticia una y otra vez y desde fuentes diferentes, aún no me ha quedado claro si en el libro dice que se acostara con aquellas lolitas orientales. Como a mí, al resto de la gente le pasará lo mismo. Él ahora va y lo niega todo y argumenta que simplemente novelizó una anécdota. Vale, ¿qué hago? ¿me lo creo? ¿Por qué no? Tiene derecho a que le crean hasta que no se demuestre lo contrario ¿no?
Segundo, las consecuencias del juicio popular. Las redes sociales fomentan un aspecto ya intrínseco en la sociedad: El creerse con derecho a condenar y juzgar. Es decir, la plebe vociferando desde las gradas ante el gladiador caído, llevándose el pulgar al cuello y gritando ¡Lugula!.
Si la condena de un juez puede destrozarte la vida, imagina la de toda una sociedad.

Por suerte o por desgracia, este incidente provocará que el señor Sánchez Dragó vea cómo a partir de ahora su libro se vende como rosquillas, recibirá algún insulto en la próxima Feria del libro y, por último, esta anécdota será olvidada de la memoria colectiva del pueblo, que ya por entonces estará condenando a cualquier otra persona, entidad o cosa que se mueve.

Y es que, como suele decir el vestuario del escritor, no somos nadie.

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2 comentarios en “Ave, Facebook, morituri te salutant

  1. Los autores siempre dicen que sus libros son novelados, que no se ajustan a sus vivencias, sólo se inspiran en ellas, etc, etc….Creo que eso no es del todo exacto aunque en el caso de Sánchez Drago ignoro la realidad, la noticia me causo tal náusea que prefiero ignorarlo, aunque sé que son cosas que suceden.
    Vi la peli La red social y quedé alucinada, menuda historia, y menudas consecuencias ha tenido “la soledad” de un superdotado.

  2. Creo que siempre hay bastante de verdad en las obras de un autor, aunque no haya sido impuesto así de modo consciente. No podemos desapegarnos de aquello que tiene que ver con nosotros y aunque nos pongamos en el pellejo de otros, lo hacemos porque nos importa y tiene que ver con nuestro mundo, así que…

    Una gran historia la del creador de FB, seguro, aunque aún no he ido a ver la peli.

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