Aquella carretera polvorienta

En breve, la historia que le sirvió a Cormac McCarthy para alzarse con el premio Pulitzer, será estrenada en la pantalla grande, con la archifamosa jeta de Viggo Mortensen.

Recuerdo que leí La carretera de McCarthy en unos pocos trayectos de cercanías de esos que llevo a cuestas. No puedo decir que la novela en sí me entusiasmara, pero ¿quien puede negar que tiene cierto encanto?:

Un padre y su vástago caminan kilómetros y kilómetros (millas y millas en el original) de carretera cubierta por una capa de polvo y ceniza, resultado de un apocalipsis mundial cuyo origen apenas es explicado a lo largo de toda la historia, y manteniendo conversaciones muy similares a ésta:
-¿Tienes hambre?
-No.
-Seguro que tienes hambre.
-No.
-Toma hijo, come algo que te veo raquítico.
-Vale.
-¿Está bueno?
-No. ¿Qué es?
-Emanens, en la etiqueta pone que caducaron hace tan sólo un mes.
-Vale.
-Si no quieres, no te lo comas ¿eh?
-Vale.
-Anda, vente que acabo de ver un carro de la compra, que puede venirnos bien para dejarnos caer por la próxima cuesta abajo.
-Vale.

No pienso desvelar el final de la historia a aquellos que quieran ir a verla al cine o descubrirla en el libro, pero no sé por qué me da que este es uno de esos extraños casos en el que la gran pantalla le va a hacer un favor al texto.
Entiendo lo que pretendía el viejo McCarthy con esos diálogos tediosos y ese transitar eterno a través de aquella carretera, pero juro que mientras leía me decía a mí mismo: Como este crío vuelva a decir “vale” me doy de cabezazos contra la ventanilla de emergencias… ¿Es que no sabe llevarle la contra a su padre como la mayoría de los niños a su edad?

Otra cosa es que yo admire la figura del escritor de La carretera y No es país para viejos, un tipo que ha declarado que durante muchos años vivió como un indigente (no está mal para un ganador del Pulitzer). Alguien que ha tenido las narices de decir que Proust o Henry James no son literatura: “No los entiendo”, declaró en una entrevista. Y, precisamente, creo que eso es lo me gusta de él: la soltura que puede y debe tener un escritor para dar su opinión libremente sin temor a las críticas de los más puristas.

Esas palabras me recuerdan lejanamente a aquella entrevista que le hicieron al bueno de Bukowski, donde el genio del realismo sucio soltó una perla tal como ésta: “Shakespeare es ilegible y está sobrevalorado, pero uno no puede atacar a los templos. Uno no puede decir que Shakespeare es mierda. Cuando algo dura mucho tiempo los snobs comienzan a aferrarse a él, como ventosas”.
Cosas del tío Charles.

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