Leaving Las Penas

Esta mañana, al despertar, me he sentido un poco como Nicolas Cage en Leaving Las Vegas: tan extrañamente solo, que el mundo que da vueltas a mi alrededor sólo podía causar en mí cierta hilaridad nutrida por el absurdo.

Un gélido edredón de nieve cubría algunos de los picos que se observan desde mi ventana y yo, empañando el alma del cristal con vaho, me preguntaba cosas sin sentido, como si estoy triste porque está nublado o bien está nublado debido a mi melancolía.

Ya en el tren, un pequeño gesto de alguien ha conseguido robarme una sonrisa. Al volver la vista hacia el paisaje, un arco iris (o más bien un rectángulo irisado) me ha devuelto la fe y la luz necesaria para escudriñar el futuro.

Maldita felicidad. No se te compra con dinero, ni tienes un rostro concreto.

Eres tan hija de puta que sólo apareces cuando se te antoja.

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5 comentarios en “Leaving Las Penas

  1. bueno, su hermana tristeza también aparece más o menos cuando quiere sin mucha explicación… y más en este tiempo. lo bueno es saber encontrar esos gestos mínimos y apreciarlos. un beso!

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