72 minutos de silencio

enero 19th, 2012 § 1 comentario



Megaupload ha caído. Supongo que, para el ciudadano medio de este país, esto es su particular quema de la biblioteca de Alejandría. O como si se incendiara el circo romano con los leones y el público dentro. O como si les propusieran el copago cinematográfico. O su particular Farenheit 451. O lo que sea. Pero, no más Megaupload, ¿está claro?

El título del post no es mío, por cierto. Es un tweet de la red de cuyo nombre (de su autor) no me acuerdo. Pero que encierra, en sí mismo, (y ésta es la magia de que Megaupload ya sea un mito) un significado propio, inequívoco, al alcance de mucha gente. Al alcance de tanta gente, que lo prudente sería plantear la posibilidad real de un debate y una reformulación de la industria cultural, acorde con la época y con la mirada puesta en el futuro.

Lo demás es censura impuesta por la necesidad de hacer dinero. Y punto.

Ha habido genios a lo largo de la Historia que hubieran babeado -literalmente- con la idea de una red que permitiera el acceso universal a la literatura, a la música, al cine… Eso es una utopía hecha realidad, aunque no se estime como tal. Si examinamos qué es lo que impide que esto cristalice como una realidad estable, nos topamos con la Industria y su forma actual de hacer las cosas. El interés privado poniendo trabas a la Cultura.
Unos cuantos se remueven en sus tumbas. Se oyen mortajas rasgadas.

Los que promueven PIPA, SOPA, el ACTA o la Ley Sinde buscan crear una Internet plana, restándole dimensiones, volviendo al pasado. Todo bajo el sagrado pretexto de la propiedad intelectual. Lo que la mayoría del público desconoce es que, al fin y al cabo, no son los autores (músicos, directores…) los que salen ganando con todo esto. Ni mucho menos. Como de costumbre, los intermediarios son los que se lucran: La Industria, por supuesto.

Aún así tengo fe en la red. La comparación de Internet con la Hidra legendaria me parece más que acertada. Cuantas más cabezas le cortes, más le saldrán. Y más aún, -no nos engañemos-, cuando el negocio de las páginas de descargas parece ser tan lucrativo. A rey muerto, rey puesto. Hoy muere Megaupload. Mañana otro ocupa su lugar.

Echando un vistazo utópico aún más lejano, yo creo que el único requisito que sería indispensable para que una persona pudiera disfrutar una obra humana, susceptible de ser digitalizada, no pasaría por poder o no pagársela. Sólo debería sentir inquietud sobre ésta. Inquietud, el motivo por el que comenzó a almacenarse el saber hace miles de años. Por inquietud, joder, no por pasta. La inquietud es una música que se toca muy adentro.

En una utopía lejana, en un futuro mejor…
-se le oye decir a la Industria, sarcástica-: ¡Despierta! ¡Vives en el pasado!

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